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Dos policías nacionales se reencuentran con el niño de 14 meses al que salvaron de ahogarse en la bañera

  • Escrito por Redacción

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Su madre salió al descansillo de la escalera para recoger un encargo cuando la puerta se le cerró con Lucas en la bañera y el grifo abierto

«Sólo había dos opciones: encontrar a un niño vivo o encontrar a un niño...». Y sucedió lo primero, aunque el agente Antonio Carrasco aún siente un nudo en el estómago cuando le preguntan por el rescate de Lucas, un pequeño de 14 meses –ahora tiene 16– que siempre deberá su vida a dos agentes del grupo de motos del Cuerpo Nacional de Policía.

Hijo de padres brasileños, este pequeñajo de pelo rizado y mirada despierta se encontraba junto a su madre el pasado 17 de septiembre cuando protagonizó, sin intención alguna, lo que se convertirá sin duda en uno de los episodios más intensos de su vida.

Pasaban unos minutos de la 1 de la tarde cuando Sarita Pereira comenzó a prepararlo para ir a recoger a sus dos hermanos, que estaban en el colegio. «Lo metí en la bañera y puse el tapón. Luego abrí el grifo y comencé a llenarla. Pero sonó el timbre y salí un momento del baño para responder al telefonillo».

Tras conversar unos segundos, Sarita abrió la puerta del bloque a una amiga para que pudiera subir a dejarle un encargo. El baño está junto a la puerta de entrada a la vivienda, en una tercera planta, y en ningún momento pensaba alejarse de su hijo.

Durante unos segundos esperó junto a la puerta y cuando se abrió el ascensor decidió dar un par de pasos al frente para recoger el encargo. Justo en ese momento, una corriente de aire cerró la puerta de casa.

Sin llave para abrir y sin el móvil encima, le pidió a una vecina que llamara rápidamente a su marido. «Pero Willamy estaba en el Casco Antiguo y yo pensé que iba a tardar una eternidad», recuerda la madre de Lucas.

Asustada, bajó a la carrera al piso de otra vecina para que avisara a los bomberos. Arriba estaba su hijo, dentro de la bañera, y temía que el agua pudiera ponerlo en apuros.

De patrulla en Puerta Palmas

Ajenos a lo que estaba sucediendo, los agentes Antonio Carrasco y Juan José Rodríguez patrullaban con sus motos por la zona de Puerta Palmas. Como tantos otros días, vigilaban zonas comerciales del centro, con sus emisoras de radio encendidas. «La sala del 091 nos comisionó –dice el agente Antonio– porque había una señora a la que se le había cerrado fortuitamente la puerta y su hijo de 14 meses estaba en una bañera que se estaba llenando. Yo comencé a imaginarme a un niño en una bañera y pensé que si no éramos capaces de solucionarlo habría un problema».

Sin tiempo que perder, él y su compañero Juan José Rodríguez giraron el puño de sus motocicletas y corrieron «a lo que la moto daba» en dirección a la calle Arturo Gazul, que se encuentra en las inmediaciones del hospital Perpetuo Socorro de Badajoz.

Fueron los primeros efectivos de emergencia que llegaron al bloque y se enfrentaron al reto de abrir la puerta antes de que fuese demasiado tarde. «Nos encontramos a la madre llorando, a gritos nos medio contó lo que estaba pasando, y tratamos de acceder por alguna ventana, pero era imposible. La única forma de entrar era abrir la puerta».

Con una radiografía trataron de hacerlo, pero no lo consiguieron y comenzaron a dar patadas y empujones para echarla abajo. «Oímos al niño llorar, pero de pronto se calló. Fue un momento muy duro porque te temías lo peor. Pero eso nos dio fuerzas».

Cuando comenzaban a estar exhaustos, la puerta comenzó a ceder y finalmente se fracturó el marco y lograron abrirla. «Entré yo primero y vi que la bañera estaba llena y que el niño se cogía con las manitas al borde. En ese momento, no sé cómo, echó una pierna arriba para tratar de salir y sólo tenía fuera la boca y la nariz, yo lo veía como un pez en un charco», confirma Juan José.

Asustado aún, le echó mano y lo abrazó contra su pecho para tratar de calmarlo. Porque Lucas, una vez fuera, comenzó a llorar como lloran los recién nacidos. «Yo estaba muy nervioso, trataba de tranquilizarlo, iba por la casa con él en brazos y la madre se venía detrás... Hasta que me di cuenta y le dije: ¡señora, aquí tiene a su hijo!».

Mientras hace este relato, el policía Juan José Rodríguez no para de mirar a su compañero. Y al terminar el relato, le pregunta:_«¿Te acuerdas de que te enseñé mi mano porque no paraba de temblarme?». «¡Claro que me acuerdo!, a mí también me fallaba el puso», responde Antonio.

Atento a lo que cuentan, el niño de ojos despiertos al que salvaron la vida los contempla interesado desde el sillín de una de las motos en las que volaron los agentes el día del rescate.

Junto al niño está su padre, Willamy Oliveira, que el pasado 17 de septiembre temió que su hijo hubiese muerto. «Yo llegué a casa rápido y vi bomberos, policías, mucho revuelo, pero no sabía qué pasaba porque mi mujer no me lo había explicado». Mientras habla, a Willamy le asoman unas lágrimas en los ojos y detiene su relato para tragar saliva. Luego, emocionado, mira con ojos agradecidos a los dos agentes que tiene a su lado.

De la escena fue testigo HOY esta semana y ninguno de los protagonistas finge. Desde el mismo día del rescate, Lucas y sus padres no habían vuelto a encontrarse con los agentes.

En los dos meses que han transcurrido, todos han revivido varias veces –quizás Lucas también– el trago que pasaron. Pero hasta ahora, no habían tenido la oportunidad de expresar lo que sienten. «Si mi hijo hubiese caído hacia atrás, no quiero pensar lo que hubiera pasado. Los policías estaban muy nerviosos, yo no paraba de llorar, pero ahora me siento bien, son gente que hace bien su trabajo, eficientes, y les agradeceré siempre la rapidez con la que actuaron», concluye Sarita mientras aprieta contra su pecho al pequeño Lucas, un niño que emergió de las aguas para júbilo de todos.

HOY.es

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