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«Cuando llegué la mujer del piloto muerto intentaba escapar del fuego»

  • Escrito por Redacción

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«Tiré de ella, me la eché a la espalda y segundos después de salir corriendo, la nave hizo su primera explosión», relata el cabo de la Guardia Civil que salvó a Kika

Fernando Vera, 48 años, cabo primero de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil no quiere ni oír hablar de heroicidad después de arriesgar su propia vida para salvar la de Kika, la mujer que viajaba en un ultraligero que se estrelló el domingo cerca del aeropuerto de Sevilla tras sufrir el piloto, su pareja, un infarto a los mandos de la nave. «Actuamos como un equipo con tres patas: el controlador aéreo, Antonio Toscano en la avioneta que le guiaba y la Guardia Civil» relata para este periódico con seguridad, la que le da 25 años de servicio viendo y asistiendo en graves accidentes de tráfico. «Había posibilidades de que saliera bien y al final se consiguió –relata–. Elegir el aeropuerto de Sevilla para aterrizar fue una buena opción. Es amplio y cerrado y con equipos de emergencia y bomberos muy bien entrenados».

«Nosotros estábamos volando con el helicóptero en Punta Umbría, planificando la vuelta de tráfico del domingo. De repente nos entró una alerta por el 112, “My day, may day, el piloto está muerto, no sé pilotar”, y fue entonces cuando reaccionamos para auxiliar a esta mujer». El aparato estaba en ese momento entre Carmona, El Viso, Fuentes de Andalucía... no lo sabíamos. Le preguntaron qué veía ella para encontrarla –el avión lleva emisora pero no radar–, y respondió que placas solares. El vuelo había partido de Alcalá del Río, del centro deportivo Ilipa Magna, y tras una parada en Villamartín, en Cádiz, estaban ya de regreso, según el testimonio de Fernando Vera.

«Ella estaba muy nerviosa, necesitaba una voz amiga para calmarla»

«Ella estaba muy nerviosa, necesitaba una voz amiga para calmarla y esa fue la de Antonio Toscano, su amigo y el de su compañero muerto. Él le iba dando las instrucciones pertinentes para controlar el ultraligero», dice esta cabo, que solamente la escuchaba a través de la radio. «No te preocupes, lo vas a conseguir», era lo que le transmitía Antonio para tomar seguridad en los mandos.

«Apenas a dos millas del aeropuerto fue cuando se estrelló después de hacer dos giros cerrados el ultraligero. El avión, que es muy bueno, lleva doble mando completo. Los asientos son muy rígidos y no me extrañaría que el cuerpo del compañero fallecido cayera sobre la palanca y que fuera esto lo que le impidiera el manejo. De hecho, durante los dos giros fuertes Toscano le dijo: “gira a la derecha”, pero no contestó, por lo que ella debía tener una dificultad añadida» nos explica Fernando Vera

«El hecho de caer sobre los naranjos no fue malo. Parece que le dio una segunda oportunidad porque pudo amortiguar el golpe» apunta Vera. «Cuando llegué al avión Kika estaba intentado salir del fuego, boca arriba, haciendo aspavientos, en estado de crisis. Tiré de ella, me la eché a la espalda y segundos después de salir a todo correr la aeronave hizo la primera explosión. Cuando ya había recorrido unos 50 metros, el aparato deflagró con la explosión grande, pero ya la arboleda nos resguardaba. Por el marido no se pudo hacer nada. Estaba inmóvil, en llama viva», continúa su relato.

«Ella al principio estaba muy nerviosa, desorientada, sollozaba, presentaba quemaduras en los brazos, creo que rotura en un pie, dolor abdominal», según este cabo, para quien «es inexplicable cómo esta mujer estaba semiconsciente después de haber pasado por una situación tan dura. Al principio pensó que estaba muerta, me abrazaba y me preguntaba: “¿estoy bien? ¿estoy bien?”. Luego me besaba mucho la mano cuando le fui nombrando amigos suyos para que se diera cuenta de que estábamos fuera del avión y el peligro había pasado», detalla el guardia civil.

A 10.300 pies de altura

Fernando Vera insiste en que él fue una pieza más de este milagroso puzzle que ha permitido sobrevivir a una mujer sin apenas experiencia de vuelo y que se encontraba con su pareja muerta en un avión que llegó a los 10.300 pies de altura. Él quiere que se reconozca también la labor de Antonio Zabau Torres, el experimentado piloto de helicópteros que ayer precisamente empezaba sus vacaciones de verano. Gracias a una auto rotación, donde el aparato casi cae a plomo a tierra para aligerar el tiempo de descenso, el cabo Vera pudo llegar a tiempo para salvar a Kika de las llamas. «Un segundo en esas circunstancias es la diferencia entre la vida y la muerte, pero no podemos comprometer ni nuestra integridad ni la del aparato», aclara. «Zabau, una vez estabilizado el helicóptero y aterrizado, apareció para echarnos una mano, entonces le dije que volviera al aire, que fuera la referencia para que llegaran los equipos de emergencia y sanitarios. Con la columna de humo tan espesa que había era fundamental guiarlos y ubicarlos. De lo contrario, hubieran tardado más tiempo».

«Cuando llegué la mujer del piloto muerto intentaba escapar del fuego»

Estos tres motoristas de Tráfico fueron los primeros en llegar. También estaban en el accidente del A400M

Al campo de naranjos, desde tierra, hubo que llegar por caminos rurales. Los bomberos tuvieron descerrajar con la cizalla candados que los dueños ponen a las vallas por los robos en los campos. Los primeros en llegar fueron motoristas de la Guardia Civil que, casualidades de la vida, también les «tocó» estar de servicio el fatídico día del accidente del A-400M de Airbus. Son Álvaro Ramírez Delgado, Juan Carlos Romero del Pozo y Rafael Alberto Saborido. Ayer, sin embargo, todo eran felicitaciones y caras alegres en la comandancia de la Guardia Civil de Montequinto.

Labor humanitaria

La entereza de Vera quedó patente el domingo cuando después de socorrer al ultraligero volvió a volar: «El médico después de operar continúa; el guardia civil después de una operación también continúa si ha salido bien. No concibo la Guardia Civil sin realizar acciones humanitarias, no estamos aquí sólo para poner multas».

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