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Las lanchas kamikazes del hachís

  • Escrito por Redacción

LANCHAS-KAMIKACES

Resulta como ver nacer un rayo. Al abrir la compuerta, con la marea ya alta, la cabeza de la goma se asoma al río Guadarranque. Son las cinco de la tarde de este miércoles. A bordo de la lancha van cuatro individuos en fila india, el rostro cubierto con pasamontañas y ataviados con neoprenos y chaquetones impermeables. Alguno también lleva casco. Se les intuye jóvenes.

Cuando enfilan hacia el Mediterráneo la proa de la embarcación comienzan a rugir los tres motores de 250 cc que lleva en la popa. De súbito, el piloto empuja a fondo con su mano derecha la palanca del acelerador. La lancha kamikaze inicia su travesía hacia Marruecos en busca de cientos de kilos de hachís que, normalmente, suministran barcos nodriza a pocas millas de la costa del país alauita. Tiene tanta fuerza que en los primeros 50 metros supera una inclinación de 45 grados. Al agua le dibuja un surco que tardará en borrarse. A los pocos segundos se le pierde el rastro a ese caballo neumático desbocado que cabalga las olas. Cuando uno se percata, alguien ya ha accionado el mecanismo de cierre de la compuerta del narcoembarcadero.

Apagado el bramido de la lancha, vuelve el canturreo de los pajarillos a la elitista urbanización Guadacorte, en Los Barrios (Cádiz), no lejos de la exclusiva Sotogrande. En esta zona, en la desembocadura del río Guadarranque, a menos de un kilómetro de mar abierto y con el Peñón de Gibraltar al sureste, desde hace años los narcotraficantes alquilan o compran chalés con salida al cauce por la parte trasera de las viviendas. Aunque el negocio del hachís lleva dos décadas presente aquí, la actividad se ha incrementado en los últimos dos o tres años: ahora las autoridades y los vecinos tienen contabilizados "en torno a una docena" de estos narcoembarcaderos, alguno de ellos de reciente construcción. En su seno albergan toda una flotilla para llenarse los bolsillos con los euros que deja el chocolate marroquí.

Crónica se adentra en el río-coladero del hachís. Se cruza con las lanchas rápidas que lo surcan ávidas de droga. Se asoma a embarcaderos secretos donde, como en la cueva de Alí Babá, las planeadoras entran y salen con su singular ábrete sésamo del rugir de los motores... Aunque esta historia, de cuento no tenga nada. La tarde de este miércoles, desde este puerto del narco zarparán cinco gomas más en los 60 minutos posteriores a la salida de la primera. Cada día lo hacen entre siete y ocho, dicen los lugareños. De madrugada o a plena luz, como hoy. No importa. "Ya no se cortan", afirman atemorizados vecinos. Sólo necesitan que la marea esté alta para poder navegar y que la barcaza de la Guardia Civil no se encuentre vigilando la desembocadura. Los puntos -chavales- que tienen estratégicamente colocados en la playa les dan el ok cuando no ven brigadillas en la costa. Cada una de ellas volará sobre las aguas del Estrecho para cargarse hasta los topes de hachís: pueden transportar unos 1.200 kilos.

A la vuelta, algunas embarcaciones hacen el camino inverso y remontan el Guadarranque para introducirse en sus madrigueras. Otras alijan -descargan- en algún punto de la costa andaluza. Desde Almería hasta Huelva, según donde aguarde el cliente que haya hecho el pedido para distribuirlo después en cantidades menores. En una sola jornada de trabajo a pleno rendimiento, desde este río parten las gomas que introducen en España 10 toneladas de chocolate prensado en el país norteafricano, el primer productor mundial de este derivado de la marihuana.

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"La particularidad del Guadarranque es que las bandas de narcotraficantes han instalado allí una base logística de entrada y salida de embarcaciones", explica el fiscal antidroga de Algeciras, Emilio Miró, el centinela con mayor responsabilidad y herramientas en la lucha contra el narcotráfico en esta demarcación de la provincia gaditana. "Los chalés les sirven para guardarlas, ponerlas en el agua y almacenar bidones de gasolina con los que repostar antes y durante la travesía", añade. "En caso de volver cargados también les permite distribuir la droga sin tener que alijar en una playa o en otro punto similar. Pero no es lo común. El río está pensado como disparadero".

Emilio Miró forma parte del tridente de Cádiz, única provincia de España con tres fiscales especializados en la materia. Un segundo, Andrés Álvarez, maneja Jerez, la costa noroeste y la sierra. La jefa de ambos, Ana Villagómez, tiene su despacho en la capital.

Carga de trabajo no le falta a ninguno. Por la provincia de Cádiz entra en torno al 46% del hachís que llega a la Península. Aquí, según el Ministerio del Interior, se produce el 18% de las detenciones por narcotráfico de toda España. En 2012 se incautaron 170 toneladas de fardos de chocolate. En ningún otro lugar se llegó a esa cifra. También entraron 3,7 toneladas de cocaína, algunas en lancha utilizando las rutas del hachís, aunque la mayoría viajaba en los contenedores que llegan al puerto de Algeciras procedentes de Latinoamérica.

La Avenida de las Golondrinas, en la urbanización Guadacorte, alberga varios de esa docena de chalés que la Guardia Civil y la Policía Nacional mantienen en la mira y contra los que en alguna ocasión ya han actuado. En torno a ellos, a cada poco, se ve merodear a algunos chavales que supervisan quién llega y quién se va. El equipo de Crónica se siente vigilado cuando se mueve a pie o en coche: las miradas que se cruzan con nosotros resultan cada vez más conocidas. En esta avenida los jardines traseros de las viviendas ubicadas en la acera derecha dan al Guadarranque. Las casas de fachada alta, tres o cuatro metros, suelen albergar narcoembarcaderos. Es la forma de esconder lo que sucede dentro. O de delatarse, según se mire.

Como el chalet del número 109, embargado tras una operación policial en mayo de 2014 . Se detuvo a 25 personas -españoles y marroquíes- y se incautaron 2.500 kilos de hachís. También se intervinieron 29 lanchas y 50 motores. El propietario del inmueble era un narco de Marruecos vinculado con un capo italiano de Calabria cliente suyo. Ya se sabía que en Italia la mafia controla el tráfico de drogas. Ahora se constata que hasta aquí extiende sus redes.

Por un bosque lateral se accede a pie hasta la orilla del río. Al llegar a la parte trasera del 109 se observa que tiene un portón metálico similar al de cualquier aparcamiento de coches. Por un resquicio en la parte inferior, empapándose de agua enfangada, el fotógrafo consigue una foto en la que se ve que los narcos tenían construido un embarcadero con una rampa que desemboca directamente en el Guadarranque. Sólo les era necesario abrir el portón para que las lanchas neumáticas tocasen agua. Pero pronto dejamos el lugar. En el chalet de al lado, el 111, se escuchan voces. Las cámaras de la entrada a su embarcadero pueden habernos delatado. Este ya no es sitio recomendable.

Para disponer de la casa con embarcadero trasero los narcos llegan a pagar hasta 6.000 euros a los dueños

"En algunos casos las viviendas no están habitadas y sólo acuden cuando van a hacer un trabajito. Si no son suyos los chalés, pagan a los dueños hasta 6.000 euros al mes para que se vayan", cuenta el teniente Pablo Tosco, jefe del Equipo de Delincuencia Organizada y Antidroga (EDOA) de la Guardia Civil en Algeciras. Él experto conocedor del narco, asegura que "lo que pasa en el Guadarranque es muy exclusivo, algo sui géneris, no creo que suceda de esta forma ni en el río Barbate ni en el Guadalquivir", dos puntos calientes de la costa andaluza.

Tosco explica que los narcos disponen de dos opciones: tener las gomas en el interior de los chalés o trasladarlas en un camión para descargarlas con la ayuda de una grúa. "Estos embarcaderos son una forma segura de correr menos riesgos y de no perder las lanchas, que en ocasiones lo hacen. Al terminar la movida sólo tienen que volver por donde entraron", relata. Una goma como las que usan cuesta, sin motores, entre 50.000 y 60.000 euros. Con dos o tres motores llegan a pagar hasta 120.000. Perderla en una persecución o en una huida se convierte en una ruina de la que para muchos sólo se puede salir volviendo a lanzarse a las aguas del Estrecho en busca del hachís del moro.

El negocio de los narcoembarcaderos llega, en ocasiones, a ser doble para los dueños/arrendadores de las viviendas. Por un lado, si ellos mueven hachís, pueden meter sus propias lanchas en el río para plantarse en Marruecos en menos de dos horas. Por otro, tienen la opción de alquilar sus instalaciones y sus embarcaciones, "como en una especie de renting", dice Tosco, a narcos de otras organizaciones que no disponen de ellas. "Eso sí, les sale carísimo", dice el teniente. Por poner una neumática en el Guadarranque pueden cobrar hasta 5.000 euros. Por recibirla tras una descarga, el doble. "Lo normal es que vuelvan vacías tras alijar en carreteras cercanas o en otros puntos de la costa. No les interesa que el río esté manchado con droga".

Los vecinos dicen no aguantar más la situación que viven desde hace un par de años. Denuncian la existencia de cierto conchabe de algunos guardias civiles con los narcos, aunque desde la Benemérita se defienden y responden que, salvo cierre del río, es imposible frenar la salida de esas embarcaciones. "Además, intentamos sacar a nuestras ovejas negras de entre nosotros", responde el jefe del EDOA en Algeciras.

Todos los vecinos que hablan con este periodista piden mantenerse en el anonimato por temor a represalias. Cuentan que algunos narcotraficantes llegan a lanzar dos lanchas diarias. También explican que, hace poco, desde este puerto salieron 78 gomas en sólo un mes y que les extorsionan de forma sibilina para que mantengan la boca cerrada.

"De vez en cuando, para que sepamos que están ahí y somos vulnerables, nos preparan alguna jugada -cuenta un vecino-. Uno de nosotros el otro día se levantó, salió al jardín y vio que estaban encendidas todas las luces del contorno de la vivienda. Habían accedido de madrugada a su casa mientras dormía. Es su forma de callarnos". En este río, el narco se siente inmune. Aunque este tipo de embarcaciones necesita permisos especiales para navegar -en ríos lo tiene prohibido-, y pese a zarpar casi siempre sin matrícula ni documentación, el riesgo que asumen es minúsculo. Sus polizones conocen de sobra que si los paran sólo se enfrentan a multas.

Los narcotraficantes alquilan o compran chalés con salida al cauce por la parte trasera de las viviendas. FRANCISCO LEDESMA

Algo similar sucede con los embarcaderos. Cuando mandan construirlos saben que sólo se enfrentan a una posible sanción urbanística por parte del ayuntamiento de Los Barrios o de San Roque, municipios ubicados en los márgenes del río. Pero nada que no se pueda pagar con el cash que aporta su negocio.

Todos los grupos políticos del consistorio de Los Barrios aprobaron la semana pasada una resolución para exigir al Gobierno central y la Junta de Andalucía que tomen medidas contras las "mafias" que actúan en el río. Fue un SOS de la corporación al completo. El alcalde del pueblo, Jorge Romero, señaló que el tráfico de lanchas se había incrementado "en los últimos meses" y solicitó a las administraciones central y autonómica que "impidan que las embarcaciones accedan al río y, posteriormente, a las viviendas donde desembarcan la droga". El portavoz del PA, Miguel Alconchel, apoyó la medida porque "la zona es cada vez más peligrosa".

La noche comienza a bañar las arboledas de la urbanización Guadacorte. Hace un par de horas que no se escucha el rugido de una narcolancha surcando el río. Las seis embarcaciones que partieron casi juntas a mitad de tarde deben andar ya de vuelta a la Península cargadas de hachís. Sus polizones, empapados de agua y del sudor de la excitación, divisarán a lo lejos las luces que dibujan el contorno de la bahía de Algeciras. Ninguno de ellos respirará tranquilo hasta que vean abrirse el embarcadero del que partieron a plena luz del día.

@AndrosLozano

EL MUNDO

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