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Robos rurales, crimen sin castigo

  • Escrito por Redacción

robo rural apertura

Año y medio después, de la creación de los Grupor ROCA de la Guardia Civil y con 97 unidades repartidas por todo el territorio nacional, los saqueos en 2014 descendieron un 12 por ciento con respecto al año anterior. El ejercicio se saldó con más de 3000 detenidos

Más de 20.000 robos al año. Frutas, tractores, ganado... La crisis ha disparado los delitos contra la propiedad en el campo. Los agricultores, con el agua el cuello, llevan años reclamando justicia.

Desde un coche, los ladrones estudian el terreno. Si no hay vigilancia, un segundo vehículo entra en acción. Sus ocupantes irrumpen en la propiedad, seleccionan el botín y aguardan a un furgón que lo recoge todo y sale disparado. Para cuando el granjero se quiere dar cuenta ya es tarde.

Así actúan las bandas organizadas de delincuentes agrícolas, grupos criminales que se mueven de pueblo en pueblo, en busca de las propiedades más desprotegidas, y que se han multiplicado de forma exponencial desde el estallido de la crisis económica, allá por el año 2008.

Tractores, maquinaria, herramientas, gasóleo, cobre de canalizaciones de riego, cosechas, colmenas, terneros, ovejas, cerdos..., en el campo español se cometen más de 20.000 robos cada año a una media de 58 diarios, que provocan pérdidas millonarias. Cifras que ahogan las explotaciones, obligando a echar el cierre a muchas de ellas, y que desesperan a los agricultores, que llevan años exigiendo a gritos más vigilancia y un endurecimiento de las penas para los delincuentes.

En octubre de 2013, sus reclamos tuvieron una primera respuesta con la creación de los Equipos Roca (acrónimo de robos en el campo), de la Guardia Civil. Se trataba de mejorar la seguridad de las explotaciones agrícolas mediante la vigilancia permanente y un trato más cercano con los colectivos afectados. Año y medio después, con 97 unidades repartidas por todo el territorio nacional, los saqueos en 2014 descendieron un 12 por ciento con respecto al año anterior. El ejercicio se saldó con más de 3000 detenidos, aunque apenas se han conseguido esclarecer el 16 por ciento de los robos. Es decir, los granjeros siguen sin dormir tranquilos.

Jorge Navarro es un agricultor de Albacete. En los últimos años ha denunciado más de 20 robos de todo tipo de materiales en su propiedad. El más reciente, hace apenas un mes. Los ladrones se llevaron 21 motores de sus sistemas de riego y destrozaron otros dos, los más viejos; frustrados, al parecer, por no poder llevárselos al contar ambos con un enganche más sólido.

«Las aseguradoras te cubren los primeros robos subraya Navarro, pero cuando empiezan a repetirse dejan de avalarte o elevan las primas». Todo un problema para quienes, como él, asisten impotentes a una interminable cadena delictiva en sus explotaciones. «En mi caso añade, al estar mis terrenos cerca de una autovía, los ladrones lo tienen fácil para entrar y salir». Es decir, para cuando Navarro se quiere dar cuenta, sus propiedades ya se encuentran en algún puerto con destino al extranjero. Jorge Navarro admite ya no puede más.

Desde su creación, los equipos Roca han detenido a más de 3000 personas, pero organizaciones como Asaja la mayor entidad profesional agraria de España llevan años denunciando que la mayoría de los culpables reciben castigos muy leves o son puestos enseguida en libertad. Una situación que, por otro lado, está a punto de cambiar.

El próximo 1 de julio entrará en vigor la última reforma del Código Penal que atiende las viejas reivindicaciones de los agricultores y ganaderos, que siempre se habían sentido desamparados por la normativa actual. Por primera vez en la legislación española se contemplarán penas de uno a tres años de prisión para hurtos reiterados, sustracción de productos e instrumentos agrarios, así como para la compra de bienes robados. «Es un gran avance», se congratulan desde Asaja.

La reforma, además, eleva las penas de uno a cuatro años a los miembros de organizaciones que se dediquen a la comisión continuada de delitos contra la propiedad, como ocurre con la gran mayoría de los robos que se cometen en el campo.

«Estamos hablando de bandas organizadas que conocen bien el medio rural confirman los investigadores. Los ladrones se saben el calendario de la siembra y de la recogida. Muchos de los robos, de hecho, se producen nada más plantar las semillas o cuando las frutas y las verduras están ya para su recolección».Por ejemplo, en Andalucía escenario de un tercio de los delitos agrícolas en España se registran muchos robos de tomates, pimientos y aceitunas; de naranjas en el Levante; brócolis en Aragón... Estos grupos organizados también roban todo tipo de herramientas y maquinaria, incluidos tractores y hasta cosechadoras, máquinas voluminosas cuyo precio puede alcanzar los 200.000 euros.

Según explican los investigadores, el robo de ganado es algo más reciente, una actividad nacida al hilo de la crisis. «Actúan, como todos los demás, en grupo revelan y gozan de medios específicos para el transporte de reses, ovejas, cerdos...». Una verdadera pesadilla para pastores como Valero Serrano.

Este maño, con más de 700 ovejas y corderos a su cargo, ha sufrido ocho asaltos en los últimos siete meses. En realidad lleva años perdiendo ovejas, el animal preferido por estos cuatreros del siglo XXI, mes tras mes. De nada le sirven las gruesas cadenas y las dos cerraduras con las que intenta blindar la puerta de acceso a su establecimiento. Los delincuentes fuerzan la entrada y se llevan las ovejas. Con frecuencia, al despertarse por la mañana, se encuentra a alguno de sus animales degollado, desollado y sin carne, en lo que puede interpretarse como una suerte de amenaza mafiosa. Otras veces, el saqueo se produce en la nave donde guarda sus herramientas.

Como explican desde la Guardia Civil, una de las principales dificultades que encuentran a la hora de trabajar en este campo es que no existe un perfil muy específico de delincuente. El arco va desde las bandas organizadas de ámbito nacional y estructura jerárquica hasta el ladrón que actúa en solitario. «No hay un ladrón tipo de edad o grupo social señalan, si bien el 70 por ciento de los detenidos son españoles y entre los extranjeros predominan los rumanos».

Las autoridades celebran los logros obtenidos en apenas año y medio por los Equipos Roca, pero lo cierto es que para los agricultores y ganaderos no está siendo suficiente.

Desde la influyente Asaja, sin ir más lejos, se pide un aumento de los controles y de la vigilancia policial en el campo. Quienes se lo pueden permitir, como algunas grandes explotaciones frutícolas, en especial cuando llega la hora de la recogida, contratan seguridad privada e instalan vallas y cámaras de seguridad.

Otros se las apañan como pueden. A Francisco de la Fuente, un agricultor alcarreño, solo le queda confiar en sus cuatro mastines. Sus perros, sin embargo, no detuvieron a los ladrones que, tras destrozar la cerradura de su nave, se llevaron sus herramientas y maquinaria de trabajo. Tampoco los intimidaron mucho cuando se adentraron en mitad del sembrado para llevarse el gasoil de sus tractores, pero sus mastines es todo lo que se puede permitir. En algunos pueblos los productores agropecuarios han optado incluso por formar patrullas vecinales nocturnas, medidas que la Guardia Civil no recomienda como la mejor solución.

Perder el sueño. Ángel López, de Ciudad Real, posee varias hectáreas de viñedos. Hace un mes le robaron parte de sus cultivos. También ha perdido varias instalaciones y un motor de riego. Hace tiempo que no consigue dormir tranquilo.

La investigación. Los investigadores de los Equipos Roca trabajan de paisano. Su labor es crear perfiles de delincuentes y reconstruir cada delito. Visitan con frecuencia los desguaces en busca de material robado.

Indefensión. María del Carmen Martínez tiene su explotación en Cuenca. Hace dos meses sufrió el último robo. Se llevaron un grupo de luz y maquinaria por valor de 3000 euros. Dice que la vigilancia policial en la zona no es suficiente.

María del Carmen Martínez

Los rastreadores. En un mapa, tres agentes relacionan puntos donde se han producido robos. Después rastrearán las zonas afectadas con sistemas de geolocalización. La colaboración ciudadana subrayan es fundamental.

Perder el seguro. María Victoria Rituerto, de Zaragoza, se dedica al montaje y suministro de instalaciones agropecuarias. En dos años ha sufrido tres robos y pérdidas por unos 50.000 euros. El seguro ya no le cubre ningún robo más.

Despojado. Enrique Callejas está al cuidado de 400 hectáreas de regadío y una ganadería de terneros en Zaragoza. Le han robado ganado, cable, gasoil... En el último robo perdió un motor de riego de 3000 euros justo cuando la cebada empezaba a espigar. Ahora, al no poder regar, teme perder la cosecha si el seguro deja de cubrirle ante los robos en cadena que ha sufrido.

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