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'Entre dos me inmovilizaron. Otro me clavó el cristal en el ojo'

  • Escrito por Redacción

UBRIQUE

El policía agredido por 'Los Cachimba' reconstruye para El Mundo lo que le ocurrió. "La primera palabra que se me vino a la mente fue 'proporcionalidad'. Por eso no disparé". "Yo entré llorando de felicidad en la policía. Me han echado también entre lágrimas".

Cuando llega la noche, de vez en cuando a Juan Cadenas le gusta fantasear con la realidad. Al meterse en la cama junto a su novia, Natalia, y apagar la luz para dormir, a veces se pone a pestañear con la mirada perdida en el techo.

Es entonces cuando él, envuelto en la espesa negrura del dormitorio, piensa que todo es como antes. Como si aún conservara su ojo izquierdo. Como si un día cualquiera se hubiera quedado dormido y lo que vivió aquel sábado a mediados de enero se tratara de una simple pesadilla.

-La oscuridad me produce la sensación de que aún veo con ambos ojos- dice.

Pero Juan, cada mañana, se topa ante el temido espejo, que le devuelve la imagen de un rostro sin uno de sus ojos y con una cicatriz que se extiende por encima de su ceja izquierda. Tres hermanos de su pueblo natal, Puerto Serrano, se lo destrozaron con un cristal minutos después de que él, policía local de 31 años, detuviera al menor de ellos por conducción temeraria.

Sucedió la noche del 17 de enero de este año. Fueron 'Los Cachimba', tres violentos hermanos, delincuentes reincidentes, que desde hacía años se sentían impunes ante la autoridad. El más pequeño, Jorge, de 27 años, ya había ha pasado casi cinco años en prisión por acuchillar a un chico en la feria de Villamartín, un pueblo cercano. Pero en los últimos meses se habían convertido en "los putos amos" de Puerto Serrano, como denunciaron sus vecinos.

'Los Cachimba' irrumpieron a la fuerza en la jefatura policial, donde Juan y otro compañero llevaron al detenido a la espera de que la Guardia Civil se hiciera cargo de él. Con la ayuda de un chaval de 14 años -hijo del mayor de los tres hermanos- a punto estuvieron de matar a Juan.

-¿Sabes lo que es que un médico te diga: 'Has tenido suerte, por cuatro centímetros no te seccionan la yugular'? Eso es muy duro - dice con las lágrimas recorriendo su mejilla derecha. Me temblaron las piernas al escucharlo con mi novia al lado.

De aquello han pasado ya dos meses y medio. Este lunes, junto a este periodista, Juan camina por las calles de Ubrique con un parche en su ojo izquierdo. Aquí vive desde hace cuatro años junto a Natalia. Es mediodía y pese a que el calor aprieta en la sierra de Cádiz, el policía agredido lleva un chándal grueso. A ratos, mientras rememora su dramática experiencia, se cubre la mirada con unas gafas de sol.

Juan relata que, al filo de las 11 de la noche, él y su compañero de patrulla, David, perseguían por Puerto Serrano el coche de Jorge, el 'cachimba' menor, que junto a su sobrino de 14 años había pasado la tarde haciendo trompos por las calles del pueblo. Jorge detuvo su Golf frente a la puerta de un pub, donde estaba su hermano mayor, Pepe, de 39.

No fue una detención sencilla. A la pareja de policías locales les tiraron sillas, les pegaron y les escupieron. Pero al fin pudieron esposar a Jorge 'El Loco', como también le apodan en su pueblo -según dicen, padece problemas mentales-. Luego lo montaron en el coche y se lo llevaron a la jefatura.

Pero lo que pudo terminar ahí, acabó en desgracia. Pepe y su hijo siguieron el vehículo en el que iba Jorge. Por el camino, llamaron al mediano de los hermanos, Pedro. Los tres se presentaron en las dependencias de la Policía Local de Puerto Serrano, reventaron la cerradura y los cristales de la puerta de entrada, e irrumpieron entre insultos y amenazas.

Juan cuenta que logró aguantar un forcejeo con ellos durante seis o siete minutos, pero que luego, exhausto y falto de aire, tropezó con una mesa. Fue entonces cuando el mayor y el menor de 'Los Cachimba' le agarraron de los brazos.

-Entre dos me inmovilizaron. El otro, Pedro, me clavó un cristal en el ojo izquierdo y en el paladar. Desde un principio noté que me habían herido de gravedad. Recuerdo que gritaban: "Remátalo, remátalo.

Hasta ese momento, Juan cuenta que no había sacado su arma reglamentaria. Pero cuando se notó la sangre correr por su rostro, temió desmayarse y pensó que necesitaba un médico con urgencia. Sólo entonces, dice, empuñó su pistola. Con ella en la mano y sin dejar de encañonar a 'Los Cachimba', consiguió salir de la jefatura junto a David, que había recibido una paliza, y montarse en la furgoneta de la Policía para acudir al ambulatorio. Los tres hermanos, con Jorge aún esposado, huyeron y se atrincheraron durante horas en una casa vacía de sus padres, guardas de un cortijo. De madrugada un grupo especial de la Guardia Civil se adentró en la vivienda y los detuvo.

-No les disparé cuando se me echaron encima por mi hijo y porque la primera palabra que me vino a la cabeza fue 'proporcionalidad'. Estoy seguro de que si le hubiera pegado dos tiros a cualquiera de ellos, me hubiesen condenado por homicidio imprudente.

-¿Te arrepientes de no haber disparado?

-Cuando iba de camino al hospital, sí, me arrepentí. Pero luego volví a pensar en mi hijo, en el que viene -Natalia está embarazada de 24 semanas-... Si sólo hubiese dependido de mí, habría disparado. Pero tú has de tomar una decisión en un par de segundos que un juez toma en tres años y sin presión.

Tras aquello, Juan pasó una semana hospitalizado en Jerez, donde le operaron. En pocos meses deberá pasar de nuevo por quirófano para que le implanten una esfera y una prótesis que asemeja a un ojo real. Ahora acude cada semana a la consulta de una psicóloga y una vez al mes al psiquiatra. Está "a base de pastillas", de noche apenas duerme y, cuando lo logra, sufre pesadillas en las que recuerda la agresión y las palabras de 'Los Cachimba'.

En su relato por las calles de Ubrique -es la primera vez que atiende a un medio de comunicación-, este policía local que festejó su trigésimo tercer cumpleaños dos días antes de perder un ojo, cuenta que entró en el cuerpo por vocación, que su mujer ha tenido que quitar del armario su uniforme porque le daba pena verlo colgado, y que le da "asco" la vida que lleva ahora mismo, sin apenas salir de casa y con el ánimo por los suelos.

-Yo entré llorando de felicidad en la policía. Me han echado también entre lágrimas.

Antes de despedirse, acompaño a Juan a recoger a su hijo Daniel, de dos años, a la guardería. El chico se muestra agradecido por el apoyo mostrado por sus vecinos de Puerto Serrano -"ellos llevan toda la vida sufriendo a esta gente", dice- y por las muestras de cariño que le han dado decenas de agentes de la Policía y de la Guardia Civil. Y pide justicia.

-Esas tres personas, que no se merecen ni esa palabra, llevaban años sin tener que pisar la calle. El sistema no funciona, eso está claro, pero ahora sólo espero que pasen muchos años a la sombra.

Por el momento están en prisión provisional a la espera de juicio.

EL MUNDO

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