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EL REGIMIENTO ALCÁNTARA: BUSCANDO SIN TEMOR A LA MUERTE

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La valentía es la ostentación del valor. El valor heroico es la virtud sublime que, con relevante esfuerzo de la voluntad induce a acometer excepcionales acciones y hechos con inminente riesgo de la propia vida, siempre en servicio y beneficio de la Patria, de la paz o de la seguridad internacional.

También se puede distinguir el valor muy distinguido, que sin llegar a ser heroico sobresale muy significativamente del valor exigible a cualquier militar en el desarrollo de operaciones armadas, llevando a acometer acciones o hechos de carácter extraordinario que impliquen notables cambios favorables y ventajas tácticas para las fuerzas propias o para la misión encomendada.

Cuando el honor y la moralidad son la base de la existencia de algunas unidades, por ende de los integrantes que la forman, y además se dan una serie de acontecimientos extraordinarios en una acción ponderable bien aislados o como ejercicio del mando en el ejercicio del deber, marcan la diferencia a la hora de valorarla en su conjunto o parte de ella individualmente, dando testimonio de un heroísmo más allá de lo razonable.

Creación y hechos de armas

Durante el reinado de Felipe IV, ante la necesidad de unidades montadas en las Diecisiete Provincias, se encomendó la creación de una de ellas al maestre de Campo Juan Francisco Nestein. El conocido como “Tercio de Nestein”, creado el 19 de febrero de 1656, con base en Bruselas y formado por ocho compañías., tomando el nombre de Alcántara en 1718. En 1927 se refundieron en este Regimiento los de “Vitoria nº 28” y el “Taxdir nº 29”.

Sus estandartes de damasco carmesí, con sus Cruces de Alcántara ondearon orgullos por los campos de batalla europeos, americanos y africanos. Bajo las órdenes de Juan de Austria, en 1657 socorrió a la sitiada Valenciennes. Participó en las batallas de las Dunas (1658), Lille (1667), Seneffe (1674), Saint-Denis (1687) y Fleurus (1690). En la Guerra de Sucesión, en el bando Borbónico, fue desplazado a Italia donde combatió en Luzzara frente a los austriacos. En 1710 regresa a España actuando en Zaragoza, Igualada y Portugal.

En 1718 pasó a denominarse Regimiento de ‘Alcántara’ , 7º de Caballería, nombre que ha mantenido hasta la actualidad y, tras su participación en la Guerra de Independencia, es disuelto en 1823. En 1844 reaparece como Regimiento de Lanceros de Alcántara, 16º de Caballería, acuartelado en Alcalá de Henares. Tras varios cambios de guarnición, en 1859, fue reorganizado como Regimiento de Cazadores de Alcántara, 16º de Caballería, acantonado en Ciudad Real con un destacamento en Almagro.

En época de Alfonso XII, tras la reorganización del ejercito, queda como Regimiento de Cazadores de Alcántara, 14º de Caballería, con guarniciones consecutivas en Reus, Lérida y Barcelona y ya en 1895 embarcó hacia Cuba donde combatió hasta el final de la guerra.

Tras la derrota del 98 fue desplazado a Valencia, donde permaneció hasta el 8 de septiembre de 1911, en que se dispuso su traslado a Melilla, donde aún permanece como Regimiento de Caballería Acorazado nº 10.

Pero fue en tierras africanas donde su nombre se convirtió en leyenda, en la conocida como guerra de Marruecos o del Rif (1911-1927). El 22 de julio de 1921 en la zona de Annual se encontraban 5.000 hombres (3.000 españoles y 2.000 indígenas), con una fuerza en combate de 3 batallones y 18 compañías de infantería, 3 escuadrones de caballería y 5 baterías de artillería; los combatientes al mando de  Abd el-Krim lo componían unos 18.000 harqueños rebeldes, los cuales habían ido aprendiendo a combatir y enfrentarse de tú a tú a las tropas españolas.

El teniente coronel Primo de Rivera, segundo al mando, tenía desplegados los cinco escuadrones del regimiento, cuatro de sables y uno de ametralladoras, con 32 oficiales y 685 soldados en Izumar, mientras el jefe del Regimiento, coronel Francisco Manella Corrales, se hallaba en Annual. Ambos murieron en combate y fueron enterrados en el frente, aunque posteriormente, Primo de Rivera fue trasladado y enterrado dignamente en Madrid, mientras que el coronel Manella pudiera estar enterrado aún en una fosa común junto a sus hombres.

La retirada de Annual, comenzó a las 11:00 horas tras una larga preparación, pero las cotas más elevadas del norte, que dominaban la vía de escape, ya habían sido tomadas por los cabileños. Ya desde el inicio de la maniobra de retirada comenzaron a recibir disparos, iniciándose el caos, las unidades rompieron el orden de marcha, lo que sin duda es un gran error táctico ya que nadie cubre la retaguardia y la vulnerabilidad es extrema. Los soldados trataron de ponerse a salvo huyendo, convirtiéndose la retirada en una desbandada general con el triste resultado de 2.500 bajas en tal solo cuatro horas.

Los supervivientes, organizados por el general Navarro, segundo jefe de la Comandancia de Melilla, retrocedieron hasta Dar Drius, posición bien fortificada y con agua disponible.

El 23 de julio de 1921, el teniente coronel Primo de Rivera y Orbaneja, con un total 192 jinetes, protege la retirada de Chaif, hacia Dar Drius. Acudió en ayuda de los hombres de Navarro, atacó a los Rifeños con una carga logrando atravesar la línea enemiga, dar la vuelta y atacar por la espalda a los rifeños; consiguiendo con ello consiguió que la columna llegase en orden a Dar Dríus, en una misión típica de la caballería de proteger a una columna que se retira haciendo de escudo contra el que se estrellaran los ataques rebeldes.

“El día inacabable”

El general Navarro había ordenado la evacuación de la columna de Dar Dríus a Batel. A las 13:30 horas partió la vanguardia, y se inició una dura marcha bajo el fuego enemigo, mientras que el Regimiento de Alcántara protegió el avance con ametralladoras y constantes cargas de caballería.

La situación se torna crítica. Para llegar a Batel se debía cruzar el río Igan, donde los rifeños habían apostado un gran número de efectivos en posiciones estratégicas claramente favorables. El general Navarro ordenó a Primo de Rivera cargar por el flanco izquierdo de la columna, debido a que su unidad era la única organizada. En ese instante, el Teniente Coronel se dirigió a sus hombres pistola en mano:

"¡Soldados! Ha llegado la hora del sacrificio. Que cada cual cumpla con su deber. Si no lo hacéis, vuestras madres, vuestras novias, todas las mujeres españolas dirán que somos unos cobardes. Vamos a demostrar que no lo somos".

El avance impetuoso del que ataca, su actitud firme y resuelta, la minusvaloración manifiesta ante sus propias pérdidas, son factores que pesan en el ánimo del enemigo.  Los jinetes se lanzaron a la carga hasta que la columna cruzó el lecho del río Igan. La carga debía realizarse al galope, con el claro fin de abordar al enemigo con el impulso necesario para arrollarle, y durante la misma, generalmente no se hacía fuego, empleándose exclusivamente el arma blanca. Para conseguir tal éxito el Regimiento de Alcántara tuvo que atacar hasta en cuatro ocasiones, contra los rifeños apostados en la trinchera del río Igan. En su última carga, los caballos estaban reventados y algunos incluso desmontaron para atacar a pié. El coste humano fue inenarrable. Hombres y caballos murieron en formación cerrada al otro lado del río, tal y como fueron encontrados cinco meses después de esta hazaña; con los caballos cuerpo a tierra, entrando en un cuerpo a cuerpo desigual, sable en mano y si munición, dieron por su país y sus compañeros lo más valioso: SU VIDA, todo ello motivado por una más que grave ineptitud del mando.

El regimiento quedo prácticamente aniquilado, el balance de bajas fue:

De 4 Jefes, 3 muertos y 1 herido, de 30 Oficiales, 21 muertos, 4 heridos y 4 prisioneros; de 6 Suboficiales, 5 muertos y 1 prisionero; de 20 Sargentos, 18 heridos y 1 prisionero; de 14 herradores, 11 muertos y 2 prisioneros; de 63 Cabos, 53 muertos y 6 prisioneros; de 13 trompetas, 13 muertos; DE 17 Soldados de 1º , 14 muertos y 2 heridos; de 524 Soldados de 2º, 403 muertos y 53 prisioneros. En definitiva,  de 691 efectivos del total que componían la unidad, 541 muertos, 7 heridos y 67 prisioneros.

Con este elevadísimo coste en vidas lograron salvar a la columna de Navarro, que llegó a la posición de Batel. El teniente coronel Primo de Rivera murió en Monte Arruit por las heridas ocasionadas por un cascote de granada de la artillería enemiga, se le concedió la Laureada de San Fernando póstumamente; así que tal y como decía Séneca “sólo en la fortuna adversa se hallan las grandes lecciones de heroísmo”.

Gracias al sacrificio de los hombres del Alcántara la “columna Navarro” consiguió llegar a su destino y el Regimiento prácticamente aniquilado escribió unas de las páginas más gloriosas del ejército español, pero sobre todo del arma de la Caballería. Tenían la orden de combatir hasta el final, hasta no poder más, hasta que murieran...para que con su sacrificio, se salvaran otros ¡ Y la cumplieron!.

Su lema y su escudo

"HOEC NUBILA TOLLUNT OBSTANTIA SICUT SOL"

“Disipa como el Sol las nubes a su paso”

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            Entre las distinciones colectivas, Sus Majestades los Reyes Don Alfonso XIII y Dª Victoria Eugenia dedicaron un retrato a este Regimiento con los autógrafos siguientes: “A vosotros heróicos Cazadores de Alcántara, que supisteis enseñar cómo se muere por la Patria y cuál es el deber de todo español, Alfonso XIII” (rubricado). “ Al Regimiento de Alcántara, núm. 14, qué tan bonita página de gloria ha escrito en la historia de la Caballería española, Victoria Eugenia” (rubricado).

El tardío reconocimiento llega el sábado 2 de julio del año de 2012 el B.O.E. nº 132 publicó un Real Decreto por el que se concedió a este Regimiento (actualmente denominado Regimiento de Caballería Acorazado “Alcántara” 10) la Cruz Laureada de San Fernando Colectiva, siendo el único Regimiento del Ejército español al que se le ha concedido de esta manera.  Los argumentos de esta concesión quedan detallados en el mismo texto: “Por los hechos protagonizados en las jornadas del 22 de julio al 9 de agosto de 1921, en los sucesos conocidos como <Desastre de Annual>, donde dicha unidad combatió heroicamente protegiendo el repliegue de las tropas españolas, desde las posiciones en Annual a Monte Arruit, hasta el punto de que las bajas sufridas fueron de 28 jefes y oficiales de un total de 32 y de 523 de clases de tropa de un total de 685 en filas”.

No podemos olvidar que otros países europeos sufrieron también “desastres” de grandes proporciones; cabe recordar el “desastre de Kut el Amara” en 1916 donde los británicos sufrieron más de 20.000 bajas; o la “batalla de Uarga” en 1925 donde los franceses tuvieron más de 2.000 muertos a manos también de Abd el Krim.

Para finalizar este breve relato, me permitiré parafrasear a François Fénelon: “el verdadero valor consiste en prever todos los peligros y despreciarlos cuando llegan a hacerse inevitables”.

Fuentes:

      - Blog de Veteranos de Caballería Farnesio

      - Revista FD, Ferrer Dalmau Junio.

     - Regimiento de Caballería Alcántara. Carga del río Igan” Francisco García Campa – Bellumartis. Blog de Historia Militar.

Por Antonio Sánchez, Historiador y componente de la Guardia Civil (A).


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