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hospimedica2

Los mayores “desencuentros” entre España y Cataluña a lo largo de la historia

Guerra de los Segadores

Dada la tensa situación que estamos viviendo estos días, vamos a parar y echar la vista atrás para ver qué ocurrió en otras situaciones de “desamor” entre Cataluña y España.

Aunque acordaba en 1137, la boda entre Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona, y Petronila de Aragón, heredera del trono de Aragón, no se celebró hasta 1150, cuando Petronila cumplió los 14 años. Este matrimonio suponía la unión dinástica entre el Condado de Barcelona y la casa real de Aragón. El hijo de ambos, Alfonso II, fue el primer rey de Aragón que a su vez fue conde de Barcelona, títulos que heredarán a partir de entonces todos los reyes de la Corona de Aragón. Cada uno de los territorios que formarán la unión mantendrán sus usos, costumbres y moneda propia y con el tiempo crearán sus propias instituciones de gobierno. Hasta la Edad Media, con Zaragoza como sede de la coronación en la Seo y Barcelona sede de la cancillería, el órgano administrativo real, se produjo una gran expansión territorial que permitió a la Corona de Aragón controlar el este de España, gran parte del Mediterráneo y el sur de Italia. Tras superar sus propios conflictos internos -en Aragón la guerra de los Remensas y en Castilla la propia sucesión real-, con la subida al trono de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón se pusieron las bases de un Estado donde se afirmaba el poder de los reyes sobre la nobleza. Además, el matrimonio de Isabel y Fernando, que recibieron del Papa el título de Reyes Católicos, supuso la unión de las Coronas de Castilla y de Aragón. Sin ser una unión forzada, la unión dinástica no creó un estado español culturalmente homogéneo, ambos reinos mantuvieron sus propias leyes, instituciones e idioma.

Primera

Con pequeñas diferencias, ninguna de ellas insuperable y respetando las propias legislaciones e instituciones de cada territorio -de hecho, disfrutarán de siglo y medio de una autonomía casi total-, la unidad se mantuvo sin problemas… hasta 1640. A comienzos del siglo XVII, la situación de Castilla —de donde hasta entonces habían salido los hombres y los impuestos que necesitaron Carlos I y Felipe II para su política hegemónica y religiosa en Europa— ya no era la misma que la del siglo anterior.

Se hallaba exhausta, arruinada, agobiada después de un siglo de guerras casi continuas. Su población había mermado en proporción alarmante; su economía se venía abajo; las flotas de Indias que llevaban la plata a España llegaban muchas veces tarde, cuando llegaban, y las remesas tampoco eran las de antes. (Joseph Pérez)

Con estos antecedentes, el Conde Duque de Olivares, valido del rey Felipe IV, propuso la llamada Unión de Armas, según el cual todos los “Reinos, Estados y Señoríos” de la Monarquía Hispánica contribuirían en hombres y en dinero a su defensa, en proporción a su población y a su riqueza. A sabiendas de las dificultades para que el resto de territorios accediesen a la propuesta real y de que dicha propuesta debía ser aprobada por las Cortes de los diferentes territorios, el propio rey se trasladó a Barcelona para la convocatoria de las Cortes catalanas en 1626. Esta es la carta del rey que se leyó en las Cortes…

Catalanes míos, vuestro conde llega a vuestras puertas acometido e irritado de sus enemigos, no a proponeros que le deis hacienda para gastar en dádivas vanas […] Hijos, una y mil veces os digo y os repito que no solo no quiero quitaros vuestros fueros, favores e inmunidades […] os propongo el resucitar la gloria de vuestra nación y el nombre que tantos años ha está en olvido y que tanto fue el terror y la opinión común de Europa.

Sin posibilidad de llegar a un acuerdo, el rey abandonó Barcelona. Desde aquel momento, las relaciones entre los dos territorios comenzó a deteriorarse. Y la cosa no fue a mejor…  Aunque anteriormente, por lazos familiares y religiosos, España ya había apoyado con dinero y soldados al Sacro Imperio Romano Germánico durante la Guerra de los Treinta Años, será en 1635 cuando entre de lleno tras la declaración de guerra de Francia. Aquel momento será el que aproveche el Conde Duque de Olivares para recuperar su Unión de Armas. La idea es reforzar todos los territorios limítrofes con Francia y para ello se envían tropas de los diferentes reinos. Desde Cataluña, ya en plena confrontación con el valido, se entiende que ellos son ajenos a aquella guerra y deciden no aportar los soldados requeridos, por lo que se envió el ejército real para la defensa de Cataluña. Pronto surgieron los conflictos entre el ejército real con la población local a propósito del alojamiento y manutención de las tropas. Ante la negativa de vecinos y pueblos, los soldados cometen robos y saqueos. De los enfrentamiento puntuales se pasó a un levantamiento generalizado contra los soldados reales que estalló en 1640. El 7 de junio, fiesta del Corpus Christi, un pequeño incidente en Barcelona entre un grupo de segadores, trabajadores temporeros y algunos barceloneses, en el cual un segador quedó malherido, precipitó la revuelta conocida como el Corpus de Sangre. Los alzados se apoderaron de la ciudad durante tres días. Los segadores no sólo se movían por su furia contra las exigencias del gobierno real sino también contra el régimen señorial catalán. El odio a los soldados y a los funcionarios reales pasó a generalizarse contra todos los hacendados y nobles, derivando en una revuelta de pobres contra ricos. Ésta fue, por tanto, también una guerra civil entre catalanes. Este levantamiento, al grito de “¡Viva la tierra, muera el mal gobierno!” y la muerte del virrey de Cataluña, el conde de Santa Coloma, marcó el inicio de la Guerra de los Segadores… y sería la base de Els Segadors, el himno oficial de Cataluña.

La situación cogió por sorpresa a Olivares, ya que la mayoría de sus ejércitos estaban localizados en otros frentes y no podían acudir a Cataluña, pero también a la propia Generalidad que no podía controlar a los rebeldes y se encontró en medio de una auténtica revolución social entre la autoridad del rey y el radicalismo de sus súbditos más pobres. Conscientes de su incapacidad de reducir la revuelta y sus limitaciones para dirigir un estado independiente, los gobernantes catalanes se aliaron con Luis XIII, rey de Francia y enemigo de Felipe IV. El 7 de septiembre de 1640, los representantes de la Generalidad de Cataluña y el cardenal Richelieu firmaron un acuerdo en Ceret por el que Cataluña recibiría apoyo militar francés, se separaba de la Monarquía hispánica y quedaba constituida como república libre bajo la protección del rey francés. Un año más tarde, y ante el avance de las tropas de Felipe IV, los catalanes socilitaron más ayuda. Ahora Francia iba a poner nuevas condiciones: reconocer como soberano al rey francés y nombrarlo conde de Barcelona. Dicho y hecho. De esta forma, Cataluña se encontró siendo el campo de batalla de la guerra entre Francia y España e irónicamente pasaron a la situación que durante tanto tiempo habían intentado evitar: sufragar el pago de un ejército, que cada vez más se mostraba como un un ejército de ocupación, y ceder su administración a un poder extranjero, en este caso el francés. Con la nuevas remesas de soldados, financiadas por los catalanes, pudieron repeler el primer intento de las tropas de Felipe IV por recuperar Barcelona. Aún así, el día a día de una guerra, un virrey francés que favorecía a los suyos, recesión económica, plagas… la población comenzó a darse cuenta que había sido peor el remedio que la enfermedad. Con la firma en 1648 de la Paz de Westfalia, que ponía fin a la guerra de los Treinta Años, todo quedó en una guerra mano a mano entre Francia y España. Conocedor del descontento de la población catalana por la ocupación francesa, y con Francia ya menos preocupada por la situación de Cataluña, en 1651 Felipe IV ordena el asedio de Barcelona. El ejército francocatalán de Barcelona se rinde en 1652, Felipe IV, por su parte, firmó obediencia a las leyes catalanas y se le reconoció como soberano. Esta inestabilidad interna y su resultado final fue dañino para España, pero mucho más para Cataluña. Por otra parte, y siguiendo el dicho que reza “a río revuelto, ganancia de pescadores”, Francia aprovechó la oportunidad para explotar una situación que le rindió grandes beneficios (como el territorio del Rosellón) a un coste prácticamente nulo.

Segunda.

En 1700, tras la muerte de Carlos II sin descendencia, las potencias europeas se disputaron el trono español. Por un lado, Felipe de Anjou (casa de los Borbones) –con el apoyo de Francia– y por otro, el archiduque Carlos (casa de los Austrias, a la que pertenecí­a el rey muerto) –con la coalición formada por Austria, Inglaterra, Holanda, Saboya, Prusia y Portugal– . Comenzaba la Guerra de Sucesión en 1701. El miedo a la pérdida de libertad (fueros propios) y a la instauración del absolutismo borbónico -recordemos que Felipe de Anjou era nieto de Luis XIV, el rey Sol- hace que los territorios de la Corona de Aragón apoyen al archiduque Carlos –mejor malo conocido que bueno por conocer, debieron pensar-. Tras varios años de guerra, en 1713 se firmaba el Tratado de Utrecht en el que se reconocía a Felipe de Anjou (Felipe V) como rey de España y de las Indias y renunciaba al trono de Francia –además todas las potencias implicadas pillaron cacho-.

Este triunfo implantó el absolutismo y los territorios que apoyaron al archiduque Carlos sufrieron las peores consecuencias. En los territorios de la Corona de Aragón (Aragón, Valencia, Cataluña y Mallorca) se suprimieron los Fueros, las Cortes… en resumen, la organización polí­tico-administrativa. Entonces, ¿qué pasó en Barcelona el 11 de septiembre de 1714?.

Tras el Tratado de Utrecht, Cataluña no reconoció al nuevo monarca -se volvía a “separar” del resto de España-. Con la renuncia del archiduque Carlos al trono de España, la única ví­a que le quedaba a Barcelona, sola contra el Borbón, era la negociación. Felipe V, como medida de presión, envió un ejército encabezado por James Fitz-James. Sin conseguir el objetivo de la rendición, se ordenó el bloqueo marítimo y, tras dos meses de asedio, el 11 de septiembre se ordenó el asalto a la ciudad. Cuando los ejércitos borbónicos ya había penetrado en la ciudad, los Tres Comunes de Cataluña (Diputación General de Cataluña, Consejo de Ciento de Barcelona y Brazo Militar de Cataluña) publicaron este bando…

“Ahora oíd, se hace saber a todos generalmente, de parte de los Tres Excelentísimos Comunes, tomado el parecer de los Señores de la Junta de Gobierno, personas asociadas, nobles, ciudadanos y oficiales de guerra, que separadamente están impidiendo que los enemigos se internen en la ciudad; atendiendo que la deplorable infelicidad de esta ciudad, en la que hoy reside la libertad de todo el Principado y de toda España, está expuesta al último extremo, de someterse a una entera esclavitud. Notifican, amonestan y exhortan, representando a Padres de la Patria que se afligen de la desgracia irreparable que amenaza el favor e injusto encono de las armas franco-españolas, hecha seria reflexión del estado en que los enemigos del Rey N.S., de nuestra libertad y Patria, están apostados ocupando todas las brechas, cortaduras, baluartes del Portal Nou, Sta. Clara, Llevant y Sta. Eulalia. Se hace saber, que si luego, inmediatamente de oído el presente pregón, todos los naturales, habitantes y demás gentes hábiles para las armas no se presentan en las plazas de Junqueras, Born y Plaza de Palacio, a fin de que unidamente con todos los Señores que representan los Comunes, se puedan rechazar los enemigos, haciendo el último esfuerzo, esperando que Dios misericordioso, mejorará la suerte. Se hace también saber, que siendo la esclavitud cierta y forzosa, en obligación de sus cargos, explican, declaran y protestan a los presentes, y dan testimonio a los venideros, de que han ejecutado las últimas exhortaciones y esfuerzos, protestando de todos los males, ruinas y desolaciones que sobrevengan a nuestra común y afligida Patria, y exterminio todos los honores y privilegios, quedando esclavos con los demás españoles engañados y todos en esclavitud del dominio francés; pero se confía, que todos como verdaderos hijos de la Patria, amantes de la Libertad, acudirán a los lugares señalados a fin de derramar gloriosamente su sangre y vida por su Rey, por su honor, por la Patria y por la libertad de toda España, y finalmente dicen y hacen saber, que si después de una hora de publicado el pregón, no comparece gente suficiente para ejecutar la ideada empresa, es forzoso, preciso y necesario hacer llamada y pedir capitulación a los enemigos, antes de llegar la noche, para no exponer a la más lamentable ruina de la Ciudad, para no exponerla a un saqueo general, profanación de los Santos Templos, y sacrificio de niños, mujeres y personas religiosas.”

Al dí­a siguiente, Barcelona capitulaba. La resistencia más que militar fue popular, el propio James Fitz-James harí­a referencia a la valentí­a y obstinación de los habitantes de Barcelona.

Las consecuencias de aquel 11 de septiembre:

Desde 1886 se celebra 11 de septiembre la Diada, la fiesta oficial de Cataluña, en la que se realizan ofrendas florales en la estatua de Rafael Casanova, conseller en cap, el héroe de la resistencia contra la ofensiva borbónica en 1714. La celebración del 11 de septiembre, al principio, sólo era un homenaje a la resistencia, el coraje y la valentía de los que defendieron la ciudad y a las propias instituciones catalanas. Fue tras la celebración de 1977, la primera en democracia y en la que se congregaron más de un millón de personas, cuando se empieza a reivindicar la recuperación de las instituciones y la parte de autogobierno perdidas a manos de Felipe V. Lógicamente, cada territorio elige a sus héroes, pero parece irónico elegir la figura de Rafael Casanova como icono del independentismo cuando él, según sus propias palabras, no luchó por la independencia sino por la nación española. Eso sí, con un rey de la Casa de Austria y no de los Borbones…

Señores, hijos y hermanos: hoy es el dí­a en que se han de acordar del valor y gloriosas acciones que en todos tiempos ha ejecutado nuestra nación. No diga la malicia o la envidia que no somos dignos de ser catalanes e hijos legí­timos de nuestros mayores. Por nosotros y por la nación española peleamos. Hoy es el dí­a de morir o vencer. Y no será la primera vez que con gloria inmortal fuera poblada de nuevo esta ciudad defendiendo su rey, la fe de su religión y sus privilegios.

La creación de los Mossos d’Esquadra. A pesar de ser hoy en día las fuerzas del orden de Cataluña, la creación de los Mossos d’Esquadra fue ordenada por el rey Felipe V -sí, el mismo contra el que lucharon-, con una doble finalidad: detener a los criminales y bandidos que operaban por los pueblos, caminos y montañas en Cataluña, y para acabar con los partidarios “austracistas” que quedaban dispersos tras el fin de la Guerra de Sucesión. Se llamó “austracistas”, “imperiales” o “aguiluchos” a los partidarios del archiduque Carlos, en contraposición a sus rivales “borbónicos”, “felipistas” o “botiflers“. La primera mención del término “mosso” o “esquadra” aparece en el año 1719, en Valls, Tarragona. El fundador fue el capitán general de Cataluña Francisco Pio de Saboya y Moura, marqués de Castell Rodrigo, militar italiano que combatió a las órdenes de Felipe V, y el primer jefe de los mossos fue Pere Antoni Veciana i de Rabassa, alcalde de la villa de Valls.

La Estelada. Aunque el primer documento en el que aparece la Estelada está fechado el 11 de septiembre de 1918, lo incluyo en estas consecuencias porque hace referencia al Tratado de Utrecht. Dicho documento está en inglés y lleva por título What says Catalonia. En este documento el Comité Pro Cataluña, fundado unos meses antes, reclamaba a los Aliados, que ya se veía que serían los triunfadores de la Primer Guerra Mundial, una revisión del Tratado de Utrecht. Termina con “Por el Derecho y la Libertad de los Pueblos” ¡Gloria a Wilson! ¡¡¡Justicia!!!». Este comité estaba presidido por Vicent Albert Ballester que, además, fue el inventor de la estelada: barras rojas y amarillas y triángulo azul con una estrella en el centro inspirado en las banderas de Cuba y Puerto Rico (alusión al desastre del 98 y la independencia de Cuba). La carta se envió tras firmar el armisticio de la Primera Guerra Mundial, durante los preparativos de la Conferencia de Paz de París y los posteriores tratados. Ya que se iba a reestructurar Europa -de hecho fue el fin de imperios como el ruso, otomano, alemán y el austro-húngaro-, se pretendía que los Aliados tuviesen en cuenta el tema catalán y se revisase el Tratado de Utrecht. El “Wilson” de la carta no era otro que Woodrow Wilson, el presidente de los EEUU, y se hacía alusión a él en la carta porque en la hoja de ruta de los estadounidenses llevaban la creación de la Sociedad de Naciones y la creación de las nuevas fronteras conforme a las nacionalidades. El tema no se tuvo en cuenta porque estas nuevas fronteras sólo afectaban a los territorios de los derrotados durante de la guerra.

Tercera

Y para terminar, os dejo el Diario Oficial del Ministerio de la Guerra del 7 de octubre de 1934, un día después de que Lluís Companys, presidente de la Generalitat, se asomase al balcón de la plaza de Sant Jaume y gritase:

En esta hora solemne, en nombre del pueblo y del parlamento, el Gobierno que presido asume todas las facultades del poder en Cataluña y proclamo el Estado catalán en la República federal española.

HISTORIAS DE LA HISTORIA


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