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Ya me veo en el estaribé por una mala mojá

hervas

Cada vez me siento más cañí, pero cañí de los de antes, como ese moreno (gitano) que fue a confesarse, y el cura le decía: “hijo, ¿amas tú a Dios?”, respondiendo el caló que “pa mí el Undivé (= Dios) es más que toíto y tó”. Continuaba el cura: “¿vas con malas mujeres?”, a lo que el cañí respondía que “pa ná de ná”. Y así uno tras otro, los mandamientos, hasta que llegó al séptimo: “¿pero tú robas, romaní?”, a lo que el gitano, con toda sinceridad, repuso: “¡várgame Undivé!, no he sabío antes que aquí haiga que disir el ofisio, señó cura”.

La verdad es que hay gente que debiera decir el oficio y dicha gente, con todos mis respetos, no debiera dedicarse a temas de gestión pública, más que nada por la ley de incompatibilidades, pues no se puede ejercer la misma profesión choricera en dos sitios distintos: la calle y el currelo. Porque el noble oficio de ladrón ha de recibir toda suerte de consideraciones y debe ejercerse con soltura y naturalidad: “a mí que me pongan donde haiga”.

Y eso le pasó a un cañí, que traduciendo el título de esta reflexión, se decía para sí: “ya me veo en estaribé por una mala mojá” (estaribé = cárcel –¿de estar y ver?– y una mojá es una puñalada). Porque a veces las razones se agotan y entonces razonan las filosas o los alfileres (navajas), con la consecuencia que va de la mojá de jeró a la de media copa (puñalada de frente a puñalada traicionera). Muchas coplas hablan del estaribé, pero la más conocida es la de “mi jaca”, que galopa y corta el viento cuando pasa por el Puerto, “caminito de Jerez”, puesto que caminito de Jerez, saliendo del Puerto de Santa María, estaba la cárcel. Por eso, la jaca volaba, para ni siquiera poder mirar al estaribé.

Es que a mí me dan ganas de darle una buena mojá a más de uno, pero luego reflexiono y me digo: “no te pierdas, que al pirandón te lo tagelas con la muy, y si lo avías, vienen los tricornios y poco te faltará pa que no te diquelen la viuda” (no te pierdas, que al sinvergüenza te lo comes con la palabra, y si te lo cargas, vienen los civiles y poco te faltará para que no te den la horca). De manera que, por tanto, como camelo naquerar (quiero hablar) he decidido en tales casos, practicar la maldición gitana. Por ejemplo:

“Quiera Undivé que te vieras

Rabiando en un hospital,

Y no tengas más consuelo

Que el que yo te quiera dar”.

Hay maldiciones elegantes, como esta: “adiós, hija, que escuchando te quées múa”. Tiene mala sombra, desde luego, pero no insulta. Otras son peores, como desearte que “tres casas te regalen en una semana” (la cárcel, el hospital y el cementerio).

¡Toma ya! Aunque existe una fatal, a mi parecer, porque sucede con alguna frecuencia (¿estarán malditos los afectados?), y es la siguiente:

“La maldición que te echo,

desde hoy en adelante,

es que el dinero te sobre,

Pero que el gusto te falte.”

A veces las cosas van engordando y engordando, si es que no se corrigen a tiempo, y terminan convirtiéndose literalmente en montaña, cuando realmente no pasaban de valle. Por ejemplo, los programas de ciertos partidos políticos.

El pueblo gitano tiene un origen incierto: ¿la India, Egipto…? Ellos se consideran descendientes del faraón, pero no es demostrable ni siquiera razonablemente sospechable tal cosa. Es un pueblo marginal que chora (roba) bien y con soltura; antes se emborrachaba y ahora también, aunque algunos jóvenes se han hecho adictos a drogas. Posee unos ritos propios asombrosos, como el de la boda gitana o los bautizos. Son muy supersticiosos y confían mucho en la buena ventura. Su estructura jerárquica es completamente piramidal y las mujeres son de segunda división, salvo excepciones. Son ellas precisamente las que te dicen la buena ventura: “¿te la digo, resalao?”, marchando por los caminos a pie, con los churumbeles, mientras su hombre va en el borrico montado, o andando, unos pasos por delante. Ya lo describe García Lorca muy bien:

“Antonio Torres Heredia,

Hijo y nieto de Camborio,

Con una vara de mimbre

Va a Sevilla a ver los toros”.

Uno se imagina al gitano andando con su varilla, los calzones ajustados, el sombrero ladeado y un hatajo de vencejos enganchados en la correa. Tres pasos o cuatro por detrás, la gitana con los churumbeles, que no entrará a los toros, quedándose fuera chorando lo que se pueda y leyendo la mano al o la que se dejare. Por cierto, que el término chorizo, aplicado al que roba, viene de chorar (robar), no del embutido. Por eso, para satisfacción de los podemitas, tiene dos géneros: una mujer es la choriza y un hombre el chorizo.

Bien, pues no hay gran diferencia entre los gitanos de antaño y muchos políticos actuales. Ambos van al descuido y ni se arrepienten ni se enmiendan. Solo los picoletos entienden a unos y otros. La diferencia es que los gitanos choran al detall, mientras que los políticos lo hacen al mayor. Recientemente estamos asistiendo a un auge choricero: les llaman los progresistas, aunque están claramente dirigidos para su exclusivo progreso y al prójimo que le den por el agujerillo de los pedos. ¡Se nota tanto…! ¿Cuál es el objetivo de tal progresía? Está claro: ninguno decente. Porque si tuvieran un objetivo real, ya habrían dicho algo coherente, que ya cansan de tanto piar. Buscan favorecer el caos, la situación de tensión social, aparentando un descontento contra los partidos políticos distintos, que ellos llaman fascistas, con objeto de luego, en un golpe de timón espectacular, apoderarse de todo lo que de valor tenga nuestra tierra. Esto es más viejo que el que los varones orinemos de pie (con perdón de la expresión).

Pero hay otros grupos, estos de las presuntas derechas, que más parecen bandas organizadas para el saqueo en comandita que otra cosa. Mira que la gente confió en ellos, pero entre los progresistas y los regresistas, han arruinado el país hasta tal punto que esto no se recupera en menos de veinte o treinta años. Ahora, tras el aborto, van a por la eutanasia, que acabarán haciendo obligatoria para los mayores, previa retirada del derecho a voto por razones de edad. Al tiempo.

Por eso, a estos fecapolíticos, yo les echaría montañas de gitanos: nacionales, rumanos, etc. Estos sí que iban a organizar bien el movimiento progresista y regresista: dos guantás al que disienta y estructura piramidal. Así por lo menos podrían tratar con el patriarca gitano, quien probablemente sea una persona sensata, que se conforme con buenos espectáculos folklóricos y cosas del mismo estilo. Además, como ya es bien sabido, los gitanos no son de izquierdas (no les gustan

las banderas con herramientas) ni de derechas, pues no le ven mérito a ganar dinero trabajando. Por otra parte, roban poco y persistentemente (y óptimamente secuenciado), estando bien organizados y siendo muy partidarios de la vida nómada, de manera que hoy estarían aquí, mañana allá y pasado por acullá, para continuar haciendo “bolos” en todas las principales ciudades de España. Muy entretenido. Ahí se acabarían las asociaciones de LGTB, porque para el cañí eso no tiene sentido. Pueden darte por el culo, pero sin organización, pues para ellos es más importante el evento que el sentimiento.

Y a propósito de dar por el culo, en la antigua Grecia, a los jóvenes les iniciaban en el sexo mediante la sodomización. El motivo era claro: que no se subieran a la parra antes de tiempo, pues al fin y al cabo debían pleitesía a sus mayores. Volvemos a repetir la historia. No se yo si con esto de la LGTB se acabará formando una brigada sodomita a tales efectos.

Yo creo que no merece la pena dedicar policías a estos temas, habiendo tantos gitanos que solucionarían el problema de forma gratuita. Imaginemos dos o tres trenes de gitanos, debidamente reclutados por nuestra geografía, aterrizar con sus guitarras y faralaes en la sala de reuniones de esos pícaros o donde quiera que estén. Lo primero que harían sería aligerarles el bolsillo, pues no están los tiempos para desperdiciar una ocasión así. Luego, les darían un repasito a los gays y lesbianas, así como a los de ‘sexus mutantis’, pelarían a los de las rastas y les contagiarían parásitos de calidad y no esa mierda de chinches y pulgas que se gastan esos niñatos. Harían buen gazpacho y les hincharían a pepino, “para que no se tire ná”. Las ropas ‘rajás’ las harían andrajos, convirtiéndolas en trapos para fregar y a ellos los vestirían de saco o con mono y un mandil. Y al que se moviera, “le tentaban las ‘asaúras’ con un alfiler”. Y eso sí, como los gitanos no tienen costumbre de trabajar, estos rebeldiños irían a por leña, la cortarían, echarían la lumbre, cogerían el caldero y aviarían de comer, cenar y desayunar todos los días. Se ocuparían de sonarles los mocos a los churumbeles, sacarían lustre a los calderos, fregarían el suelo, limpiarían los zapatos, que a los calós les gusta que brillen, y en fin, desempeñarían todas las tareas del hogar y anejos, como cepillar a las mulas y borricos, limpiar el cercado, etc. Mientras tanto, los cañís, a la guitarra, el baile y el cante, alegrando el ambiente. Y si se resisten, una buena maldición que los sosiegue.

Como vemos, todo tiene remedio. Y de algún modo se lo están dando, pues tengo entendido que la infiltración gitana va creciendo y creciendo. Y ello es debido a que el intento de capitalizar el desencanto social en favor de los partidos que lo ha generado, ha resultado ser un rotundo, completo y absoluto fracaso: más ideologías cada vez y menos ideas. Por tanto, el presunto movimiento de progreso se ha convertido en un movimiento de gamberros.

El afane se impone como bien común en muchos partidos políticos, organizaciones sindicales, plataformas de artistas, exóticos y desviados sexuales, grupos de mangantes organizados de diversa índole, luchadores por la independencia de sepa Dios quién y dónde, e incluso muchas ONGs apócrifas y tan confusas como la guerra de Siria.

En fin, esto es lo que hay. De manera que terminaremos con un dicho gitano, esta vez algo más agradable, pues alude al amor:

“Jasta er arma m’ha llegao

la raíz é tu queré;

si no es verdá lo que digo

mala puñalá me den.”

Y ‘endiluego d’estas reflesiones’, si me diñan un plajo me lo calzo y garapatís (si me dan un cigarro, me lo fumo y gracias).

Francisco Hervás Maldonado

Coronel Médico (r)


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