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El pago en especie

5740 casa cuartel

"Más que la verdad, el demagogo dice lo que el público quiere oír"
José Ramón Ayllón

Hace más de un año que escribí algo sobre el valor que tiene la Guardia Civil para cualquier gobierno que se precie.

    En aquel artículo hablaba del peso específico que supone la “Benemérita” dentro del marco de la seguridad en España y de la gran responsabilidad que conlleva vestir este uniforme. Y es que no en vano, pertenecer a esta Institución, comporta una serie de obligaciones que pocos funcionarios del Estado soportan.

    Ahora que parece que todo se mueve alrededor de cifras, de precios y valores, conviene poner de manifiesto lo que significa formar parte de la Guardia Civil. Y no trato de poner en entredicho o de justificar los dimes y diretes que salen desde cualquier esquina cercana a la Dirección General del Cuerpo o de la propia Secretaría de Estado de Seguridad y de sus pensamientos ocultos, sino de mostrar la implicación que supone servir a la ciudadanía desde la condición militar, pues desde esta perspectiva, el cumplimiento de las obligaciones se torna en serio compromiso de darlo todo por cumplir con la misión asignada.

    Relataba en aquellas fechas, que el lema que reza en la entrada de todos y cada uno de los acuartelamientos de la Guardia Civil, el famoso  “Todo por la Patria”, no es un mero cartel que adorna un edificio, sino que supone un recordatorio a todos los guardias civiles que salen y entran de servicio, del grado de compromiso que conllevan sus acciones y que los ingredientes que hacen posible su cumplimiento, están inscritos en esos monolitos que presiden los atardeceres con un toque de oración: el HONOR, como cualidad moral que hace que el servicio se preste con la mayor diligencia posible, la LEALTAD, porque sin ella sería imposible el cumplimiento de su deber con el respeto y fidelidad necesarias para acatar las leyes y al poder legalmente constituido, y por último, el SACRIFICIO, que lleva a darlo todo si fuera necesario, para cumplir con la misión de servir a España hasta el fin. Un compromiso tan real como efectivo. De ahí que no tengamos “Villarejos” ni “Faisanes” ni "Traperos" ni nada por el estilo que hayan hecho sonrojar al mismísimo Estado de Derecho, pues nuestro sistema de ascensos, de promoción profesional y la propia vida militar impiden que estas situaciones se produzcan.

    Por todo esto, desde su fundación, la Guardia Civil ha sido capaz de desplegarse a todo lo largo y ancho del territorio nacional, sin discutir si las Casas-Cuartel se establecian encima de un picacho o en la amplia meseta castellana, contribuyendo de esta forma al eficaz mantenimiento del orden y la seguridad pública y a la propia vertebración del Estado, sin olvidar que, allá donde hay un Cuartelillo, la despoblación es bastante menor que en aquellas otras donde no lo hay. La representación del Estado en estas localidades, materializada por la presencia de la Guardia Civil, elimina en gran medida el sentimiento de abandono o aislamiento que las zonas rurales más recónditas sufren a diario.

    Y a todo esto, y con motivo de la equiparación salarial, a algunos se les ha ocurrido sacar a relucir los pabellones de las Casas-Cuartel, porque dicen que son pago en especie, ignorando y despreciando que vienen dados precisamente por su condición militar y por ende su despliegue; y que éste lleva consigo, en la mayoría de las ocasiones, el tener que vivir en esas zonas rurales más recónditas a las que hacía referencia. Y si bien es cierto que en una ciudad la carestía de vida es mayor, también lo es que se goza de unos servicios públicos, sanitarios, laborales, educativos y de ocio que en las zonas rurales no se lo imaginan los lugareños ni en sus mejores sueños. Pero es que además, en esas zonas rurales y en ciudades, donde también prestan servicio los guardias civiles, los hay que no tienen pabellones asignados, bien porque están en estado ruinoso o porque el número es insuficiente para la plantilla asignada, teniendo que buscarse la vida como cualquier otro ciudadano.

    Ya lo decía Aristóteles: “En las democracias, las revoluciones son casi siempre obra de los demagogos”. Y es que no somos iguales, no. La Guardia Civil jamás será igual que las policías, ni tendrá los mismos derechos ni las mismas obligaciones. Tendrá un trabajo similar pero la forma de llevarlo a cabo, su despliegue, su compromiso, su capacidad de adaptación, su eficacia y su sacrificio en pro de los ciudadanos españoles será siempre distinto. Y eso no tiene precio, o el precio es muy alto. Y no es que lo diga yo, lo dice la historia de este país, que junto al tiempo, va poniendo continuamente a cada uno en su sitio.

El Centinela

Fuente: La Pauta.es - Revista Digital de Suboficiales de la Guardia Civil


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