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DE LA BANALIZACION DE ETA A LA BANALIZACION DE LOS AGRESORES DE ALSASUA

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No es cierto que el sentido moral y la corrección vengan implícitos en el pensamiento humano, no cuando la política y ciertos políticos se arrogan el sentido moral de decidir lo correcto y lo incorrecto.

Cuando en 1963 Hannah Arendt, acuñó la expresión “Banalidad del Mal” en su libro “Eichmann en Jerusalén, poco podía pensar que 56 años después, esa  banalidad del mal, de la que hablaba refiriendose a los nazis alemanes, se iba a poner en práctica nuevamente, en esta ocasión, aquí en España, por quienes han decidido no solo blanquear a la banda terrorista ETA, sino justificar, haciendo que los actos pasados cometidos por los asesinos, como los presentes cometidos por los violentos que hoy aún les apoyan, se conviertan en hechos que carecen de importancia, que ya no tienen interés para el conjunto de la sociedad.

Es la banalidad del mal, que esta siendo usada ahora para hacernos creer que quienes han cometido crímenes que se identifican claramente como de "lesa humanidad", son gente corriente, y lo hacen grupos cuya ideología justifica la destrucción de una parte de la sociedad para conseguir sus fines, grupos que saben que aquellos a los que defienden y de los que mantienen sus postulados, han cometiendo los crimenes mas horrendos y despreciables, pero que encuentran un modo de justificarlos.

Hoy la banalidad del mal, se está poniendo en práctica por algunos personajes y partidos políticos, para minimizar los actos de extrema crueldad y que sin ninguna compasión cometieron los asesinos de ETA, y que viendo los resultados que vienen consigiendo con esta banalización de ETA, usan ahora para banalizar a los agresores de Alsasua, intentando presentarnos, tanto a etarras como a proetarras, como personas normales, a pesar de los actos que unos y otros cometieron y cometen.

Y es que desde instituciones, supuestamente democráticas, como es el caso del Ayuntamiento de Zaragoza, que cede un local a los familiares de los agresores de Alsasua o del presidente del Parlamento catalán que recibe a estos mismos familiares en sede parlamentaria, como antes hizo Podemos en la sede del Congreso, sede de la democracia española, se ha decidido banalizar a los violentos que agredieron en Alsasua a dos guardias civiles y a sus parejas, recibiendo a las familias de los violentos, para justificar y minimizar las agresiones.

Lo peor es que lo hacen justo antes de la revisión de la sentencia impuesta a estos agresores violentos, cercanos al entorno proetarra, pertenecientes al movimiento Ospa!, (movimiento que comenzó a operar en Alsasua en 2011, y que recoge el testigo y da continuidad a la campaña Alde Hemendik (Fuera de aquí) de ETA, en la que se apreciaron las agravantes de abuso de superioridad y de odio y se consideró probado que los acusados actuaron por animadversión a la Guardia Civil y por motivos ideológicos, intentando banalizar aquella agresión..

Está claro, a la vista de estas maniobras para banalizar a ETA y a su entorno, que si la moral es el conjunto de valores y normas de una persona o de una sociedad que orienta acerca de que acciones son buenas y cuales son malas, siendo por tanto la definición de lo correcto y lo incorrecto, que los responsables de estas instituciones son inmorales, haciendo patente una vez más que la política y la moral no siempre van de la mano.

Han pasado de blanquear a la banda terrorista ETA, a banalizar los asesinatos y actos terroristas de la banda asesina, y en esa banalización incluyen ya los actos violentos de quienes les apoyan y mantienen su legado violento.

Esta circunstancia, la de banalizar un terrorismo que ha dejado cerca de mil asesinados en nuestro país, se está proyectando ahora al entorno más violento de la banda asesina ETA, lo que implica que desde ciertas instancias políticas y desde ciertos medios de comunicación, se desentiendan de las víctimas y traten el tema del no tan lejano terrorismo de ETA desvalorizándolo, quitándole importancia. De esta forma todo lo que gira en torno a ETA se trivializa y se justifica. Un claro ejemplo de esta circunstancia se evidencia cuando se llaman hombres de paz a los terroristas, cuando ciertos políticos se reúnen con los violentos, y cuando desde distintos programas de radio y televisión, y desde ciertos medios de prensa escrita y digital enfocan sus reportajes y artículos para tratar de humanizar al asesino, de justificar sus actos, exhibiéndoles como víctimas del sistema, sin tener en cuenta el daño que se hace a las verdaderas víctimas, ni siquiera cuando estas recuerdan que los asesinos “...eligieron ser terroristas", y cuando añaden"Nosotros nunca elegimos ser sus víctimas”.

Una banalización, de los asesinatos cometidos por los terroristas etarras, y la posterior banalización de los actos violentos de los proetarras, implica una falta de sensibilidad y de respeto hacia las víctimas. Banalizar este tipo de hechos implica tratarlos como si careciesen de trascendencia, de importancia.

Tanto los miembros de ETA, como el propio entorno violento etarra y aquellos políticos y medios de comunicación que les apoyan, se han instaurado en el autoengaño, como la Alemania nazi hizo antes que ellos, un autoengaño que los agresores de Alsasua quieren llevar a la sociedad vasca y navarra, intentando blanquear y minimizar la realidad violenta de sus actos, como vienen haciendo desde hace años con la violencia y el terror ejercida por la banda asesina durante cincuenta años.

La gran tragedia es que el referente moral del entorno etarra y de quienes les apoyan, en este caso de los agresores de Alsasua, está completamente invertido respecto al resto de la sociedad; siguiendo el ejemplo de sus referentes morales, los asesinos de ETA,  pretenden que el resto nos traguemos ese sapo, con el paseo por medios de comunicación e instituciones de sus familiares, intentan que a través del patológico sentido moral que les caracteriza, creamos, tras tergiversar los hechos, que si todos los actores, agresores y víctimas son igual de violentos, entonces nadie lo es, una mentira mantenida por quienes pretenden convertir en vistimas a los victimarios de ETA y en este caso de Alsasua.

Antonio Mancera Cárdenas

Guardia Civil retirado


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