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Una nueva extravagancia

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Mira por donde, ahora resulta que tendremos que cambiar de coche para no poder usarlo jamás. Me explico: según nuestro bisoño e incomprendido gobierno, resulta que el gasóleo y la gasolina contaminan con frenesí, para lo que hemos de utilizar coches eléctricos en el futuro. Bien, pues esta es la sandez mayor que he escuchado en mi vida en materia de transportes. Vayamos por partes.

En primer lugar, la contaminación de las baterías de los coches eléctricos es mucho mayor que la que producen los coches que utilizan derivados del petróleo, aunque fundamentalmente de CO2 la aérea (con aumento de la temperatura del planeta), no así la de residuos. Ello se debe a que los combustibles fósiles han sufrido una importante transformación a lo largo de los años, así como los vehículos que los utilizan. Pero los que utilizan las baterías no, la producción y funcionamiento de estos vehículos libera CO2 en cantidad muy superior a la de los combustibles fósiles. Y lo peor es que los residuos de dichas baterías – además de ser altamente contaminantes – no se pueden eliminar. Algo similar a los residuos de las centrales nucleares, que deben quedar almacenados durante cientos de años, herméticamente cerrados, para que no contaminen. Y yo pregunto: ¿y si sucede un seísmo, con un desplazamiento de capas tectónicas? Es decir, que el coche eléctrico contamina durante siglos. Otro problema es que aumente enormemente la demanda de recursos para las baterías, lo que supondría un descenso en la disponibilidad para otras cuestiones y un incremento muy grande del precio. Estoy pensando en el litio, por ejemplo.

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Y luego está la segunda parte: los ERE derivados del cambio estructural de las empresas: multitud de trabajadores al paro, un paro que habrá que pagar a base de impuestos, porque – evidentemente – ni un solo político va a renunciar a sus prebendas. Es decir, a pagar los de siempre.

Eso pensando bien. Vamos a pensar no tan bien. Es curioso que las compañías petrolíferas se están haciendo con las compañías eléctricas. Y pueden, porque su capacidad económica es muy superior. Ello significa que el precio del kilovatio lo van a poner como les zumbe, en cuanto puedan. Si no ganan con el combustible fósil, ganarán más con la electricidad. Además, eso si que sería fácil de evitar. Basta instalar paneles solares en todas las viviendas, junto con baterías de gran capacidad, y se acabaron los ingresos por suministro. Aunque nuestros “honrados” políticos ya lo han previsto con el canallesco y absurdo impuesto al sol, de manera que también coticen las placas solares. Así es que en la actualidad se está produciendo un intento de saqueo fenomenal a la población contribuyente con el cuento de la contaminación.

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Pero es que hay otra cuestión importante a tener muy en cuenta. No existen puntos suficientes de recarga eléctrica en las ciudades y mucho menos en las carreteras o en el campo. Porque habrá que recargar los tractores, las cosechadoras, los camiones y furgonetas, etc. Montar una red de enchufes de recarga es algo carísimo, muy lento y que requiere una revisión casi permanente. Además es peligroso, por el riesgo de inundaciones (cada vez mayor), corrimientos de tierras, etc. Costaría eso muchísimo más, sobre todo el mantenimiento, que la red de gasolineras existente.

¿Y quién se ocuparía de la estandarización de esos diseños de enchufes? Supongo que algún pariente de políticos, a través de su minúscula empresa, que crecería como la espuma. ¡Es que se les nota tanto…! Además, eso incrementaría la necesidad de metales conductores (cobre) o semiconductores (fibra de vidrio), cuya producción se encarecería de forma poco controlable. Tampoco queda claro el suministro de electricidad si desaparecen las centrales nucleares, lo que invita a pensar que los franceses y portugueses nos la venderían a un precio elevado, puesto que ellos no piensan desmontar ninguna central nuclear. La otra opción son las centrales de gas natural o de productos derivados del petróleo, lo cual aumentaría mucho más la contaminación.

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Sin embargo, hay una cosa en la que nadie ha pensado: los sistemas de calefacción y refrigeración. En las ciudades, eso es con diferencia lo que mayor contaminación produce en el aire, si es que se piensa con lógica. Pero hay una cosa en la que si pueden llevar alguna razón. Hay que revisar los motores de los coches y exigirles una vida máxima limitada, sin exageraciones. Un coche de veinte años es un elemento inseguro, contaminante y peligroso, está claro. Tal vez lo mejor, al menos en las grandes ciudades, sería utilizar vehículos de alquiler, con o sin conductor, o transporte colectivo. La gran ventaja de los vehículos de alquiler es que esos si que pueden estar sometidos a normas anticontaminación sin lugar a dudas. Uno puede tener su coche, pero solo para desplazamientos por carretera, no por ciudad, y con un control eficaz de ITV. Claro, eso supone hacer multitud de aparcamientos a la entrada de las grandes ciudades y… ¿a que no se imaginan quienes los vamos a pagar?

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Antes que todo eso, controlen las calefacciones y aires acondicionados, las fábricas u obradores de todo tipo, etc. Y permitan, sin impuestos torticeros, la autonomía de las viviendas con placas solares, exigiendo que cada plaza de parking tenga un punto de enchufe para coche eléctrico.

Pero no. Tengo la certeza de que lo harán mal. Hay demasiados intereses económicos en juego, y no solo nacionales. No me gusta ser pesimista, pero en este caso lo soy, sin lugar a dudas, porque lo que nos plantean es el cambio del asma por el cáncer. Por tanto, habrá que irse planteando otras soluciones para acabar con todos estos abusos más que descarados. Ya veremos.

Francisco Hervás Maldonado

Coronel Médico (r)


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