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EL ULTIMO DESEO (Cuento corto)

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Abrió la puerta y los vio, eran dos guardias civiles, muy jóvenes...

- Buenos días ¿D. Manuel García?

- Si, soy yo, acertó a decir Manuel con un hilo de voz;

Se había sorprendido al ver a aquellos dos guardias en la puerta de su casa, hacía tiempo que los veía por el pueblo, con envidia sana, con alegría, pero nunca había vuelto a saludarlos después de aquella vez hace años, en que se acercó a una pareja de servicio y les dijo que era compañero retirado y uno de los guardias le contestó, “si está usted retirado no es compañero”. Desde entonces los veía pasar de lejos agachando la cabeza.

- Le traemos una invitación, le comentó uno de aquellos guardias, la voz le sacó de sus pensamientos, es para que se acerque usted al Cuartel y nos acompañe el día del Pilar.

A Manuel sólo le salió un gracias, imperceptible, apagado, emocionado, recogió aquel sobre y volvió a darles las gracias, esta vez un poco más fuerte, aquellos guardias se despidieron dándole la mano, estaba temblando, y sonriendo le recordaron cuando se alejaban:

- Adios D. Manuel, encantados, y recuerde que le esperamos el día 12

Cuando entró en su casa abrió el sobre, le costó un poco, estaba temblando de emoción y vio la invitación, “El sargento comandante de Puesto y los guardias a sus órdenes invitan a D. Manuel García García...”, si era su nombre, era para él, tenía miedo de que se hubiesen equivocado, hacía ya tantos años que no le invitaban, tantos años que el día 12 de octubre iba a Misa de 9 para no molestar, antes con María, su esposa, ahora solo, allí al menos podía ver a su Patrona, deslumbrante, arropada con la Bandera de España, rodeada de flores, esplendorosa y recordar, sobre todo recordar a sus compañeros, ahora también a María, que se fue hace unos años y que todos los 12 de octubre, al acompañarle a Misa de 9, al verle un poco triste le decía lo mismo, se habrán olvidado Manuel, son tan jóvenes y tienen tantas cosas en la cabeza, tanto trabajo, ahora no es como antes, Manuel todos los años le respondía también lo mismo, no María no estoy triste, estoy recordando, te acuerdas del Pilar en..., y entonces sonreían, se apretaban un poco más cogidos del brazo y recordaban juntos.

Leyó un poco más, “los guardias civiles pueden asistir en uniforme de gala”, abrió el armario y allí continuaba, su antiguo uniforme, lo miró con nostalgia, había permanecido allí colgado más de 20 años, lo guardaba con la esperanza de poder utilizarlo al menos una sola vez más y si no podía, utilizarlo en su último viaje, María siempre intentaba quitarle esa idea, pero él se mantenía en sus trece, era su única pelea, en lo único que discrepaban María y él.

Días después, mientras paseaba sólo, lo hacía todos los días, como lo hacía cuando María aún estaba junto a él, ensimismado en sus pensamientos, un coche paró junto a él:

- D. Manuel, oyó como le llamaban.

Se volvió, eran los guardias, ¿cómo le habían conocido?, del coche se bajaron uno de aquellos guardias jóvenes que le llevaron la invitación y un sargento que había llegado hacía poco tiempo al pueblo.

- D. Manuel, nos acompañará el día 12 ¿verdad?, le esperamos

- Sí, si mi sargento, muchas gracias, contestó Manuel mientras los ojos se le enturbiaban

- No se olvide usted, que le esperamos, no estará sólo, van a ir otros compañeros retirados del pueblo y estaremos nosotros.

- Si mi sargento, iré, por cierto... en la invitación pone que se puede ir de uniforme...

- Si claro, el uniforme de gala, el actual, ¿usted quiere ir de uniforme?

- Yo no tengo el uniforme actual, el mío tiene más de 20 años...

- Pero usted ¿quiere ir?, si quiere ir de uniforme pásese mañana por el Cuartel y pedimos autorización al Jefe, y si lo autoriza por el uniforme no se preocupe, ya pensaremos algo.

Al día siguiente Manuel estaba en el cuartel a las 9:00 de la mañana, el guardia de puertas le preguntó si necesitaba algo.

- Soy Manuel Gar..., no se atrevía a decirle que era compañero, se sintió tan humillado la última que vez que lo hizo...

No pudo terminar, la voz del sargento atronó desde dentro del Cuartel:

- Pase D. Manuel, pase usted

Hicieron la instancia, bueno la hizo el sargento y la firmó Manuel, hablaron un rato, el sargento era hijo del Cuerpo, su padre había fallecido años antes y siempre habían celebrado la Patrona juntos, se despidieron y el sargento le recordó que le esperaban, al salir el sargento le dijo al guardia de puertas:

- Es un compañero, está retirado, y aquel jóven guardia civil le saludó:

- Un placer...

Faltaban cinco días para el Pilar y volvió a sonar el timbre de su casa, era un guardia, llevaba un escrito y un paquete

- Buenos días D. Manuel, le dijo el guardia sonriendo, han aceptado que vaya usted de uniforme y yo le traigo este uniforme para que lo lleve ese día, es de un compañero, creemos que le estará bien, pruébeselo y ya nos cuenta, recuerde, con camisa y guantes blancos, dice el sargento que con sus galones y si tiene condecoraciones póngaselas.

Llegó el día 12, Manuel ya se había probado el uniforme y le estaba bien, bueno la guerrera un poco ancha, pero no le importaba, se vistió, se puso los galones de cabo y sus dos medallas, cogió su tricornio, a pesar de los años estaba nuevo, impoluto, brillaba como nunca y salió a la calle.

La gente le miraba al pasar y el caminaba orgulloso, a las 11:45 llegó a la puerta de la Iglesia, puntual como le habían dicho, como lo era siempre, allí estaban los guardias del Puesto, de uniforme, esperando la hora para entrar todos juntos, se acercó, los guardias le saludaron militarmente, les contestó nervioso, les dio la mano, se dirigió al sargento, se cuadró y saludó

- A sus órdenes mi Sargento

- Gracias D. Manuel, gracias por acompañarnos

Allí estaban otros compañeros retirados que le saludaron, Juan, Mansilla, Braulio...

Braulio se acercó, fue conductor del Jefe de Línea hasta que se retiró, era más joven que Manuel, pero siempre se andaba quejando de todo.

- Hombre Manolo, vienes de uniforme, Yo ya no me pongo el uniforme nunca, bastante me lo he puesto ya, ahora que se lo pongan otros, aunque este te está un poco grande, no es tuyo ¿verdad?

Nunca fue Braulio hombre comedido en sus comentarios, y siempre había sido un poco fanfarrón

Manuel le miró, y solo le dijo

- El uniforme hay que sentirlo, y yo hoy estoy orgulloso de poder vestirlo una vez más, quizás la última.

Pasaron a la Iglesia el sargento le pidió que se sentara junto a él, el resto de guardias civiles del Puesto y los retirados ocuparon los primeros bancos, y allí frente a ellos estaba su Patrona, deslumbrante, arropada con la Bandera de España, rodeada de flores, esplendorosa como siempre, quizás este año con más luz y recordó a María, que estaría orgullosa mirándole desde el cielo, vio allí sentado frente a la Virgen del Pilar pasar las imágenes de sus antiguos compañeros ante sus ojos, recordó sus años de servicio, las Patronas celebradas, miró a los lados y se vio rodeado de compañeros, tan jóvenes, de uniforme y recordó una vez más a María, frente a él la Virgen del Pilar, su Patrona, estaba esplendorosa, hoy más que nunca y miró al techo de la Iglesia intentando traspasarlo con la mirada para poder ver el cielo y una lágrima comenzó a rodar por su mejilla, el sargento le miró y le apretó con cariño el brazo.

Esa fue la última Patrona de Manuel, al parecer la Virgen del Pilar, su Patrona, había estado esperando, para llevarlo junto a la que había sido durante más de 40 años su único amor, su compañera, su confidente, con María, a que cumpliese Manuel su último deseo, poder vestir una vez más, la última, el uniforme de la Guardia Civil junto a sus compañeros.

Antonio Mancera Cárdenas

Guardia Civil retirado


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