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Váyase, señor Sánchez

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Desde que el mundo es mundo, siempre hubo ambiciosos e incompetentes. Es una cosa de lo más vulgar. Pero lo curioso es que los ciclos históricos se repiten una y otra vez: creación – ambición – incompetencia – destrucción – creación. Es vulgar destruir y siempre lo hacen los mismos, unas personas cuya envidia les lleva a dejarse guiar por una insana ambición que solo les conduce al fracaso, pues son unos incompetentes.

Las personas competentes pian poco, pues saben que para progresar, para crecer, solo son dos cosas necesarias: esfuerzo y motivación; eso sí, en un ámbito de justicia. Pero los incompetentes destacan por cuatro cosas: son profundamente egoístas, son incultos, son astutos y mienten con soltura y decisión, y finalmente siempre le echan la culpa a los demás, de otras ideologías e incluso de la suya. Es decir, no se esfuerzan en prepararse, no saben y son injustos. Lo vemos a diario, especialmente en los partidos políticos nacionales, pero también en los independentistas (quintaesencia de la estupidez malvada). Desde luego no debieran ser un ejemplo a seguir, pues su principal pensamiento es la esclavitud de los demás en bien propio.

Señor Sánchez, en usted se cumple ese refrán que dice que “quien mal siembra, mal siega”. Bueno, en usted y en sus socios de Podemos, a los que tal vez habría que cambiar la letra inicial de su nombre por otra mucho más musical y española. Decía Francisco Ayala que “la incompetencia es tanto más dañina cuanto mayor sea el poder del incompetente”. En su caso, salvo unos tres o cuatro ministros de su gobierno, los demás son payasos de un mal circo. Vamos, que son para avergonzarse seriamente, empezando por su Vicepresidenta, a quien Dios no la dotó con el don de la sensatez y la prudencia. Su gobierno, en general, es un escándalo. Pero claro, no es extraño, pues usted mismo está dominado por gentes ajenas al PSOE, como el señor Iglesias, de Podemos, un rencoroso hijo y nieto de asesinos perdonados, que no puede olvidar ese perdón, pues tal vez le hubiese gustado que los matasen y así alegar que era descendiente de héroes. Como dijera el torero Rafael “el Gallo”: hay gente ‘pa tó’. La incompetencia que les adorna es tal que hace lapidaria la frase de Albert Einstein: “nada destruye más el respeto por el gobierno, y por la ley de un país, que la aprobación de leyes que no pueden ponerse en ejecución”, como por ejemplo la de tratar de desenterrar al fallecido General Franco. Este presunto decreto de más que dudosa legalidad le convierte a usted – se lo diré en latín, para que estudie y se cultive un poco – en un bustirapus que viene a ser algo así como un ladrón de tumbas, porque no hay razón alguna que lo justifique. Estando bien de la cabeza, naturalmente. Tal vez antes de ostentar cualquier cargo público convendría pasar un examen psiquiátrico. Se mejoraría mucho la gobernabilidad.

Pero ahí no ha parado la cosa. Si seguimos con el latín, podríamos decirle a usted que se ha comportado como un sociofraudus, que es algo así como falsario con los amigos, pues no ha cejado en el empeño de hacerse con las riendas de su partido, en contra de la mayoría de gente cualificada y por tanto bien preparada del mismo. Y claro, si a los suyos de calidad no los convence, ¿quién suspira por usted, la chusma engañada alimentada de falsas promesas? Porque no veo yo que los intelectuales de verdad le arropen…

Porque dada su incapacidad – suficientemente probada ya – su actividad política le hace malus nequanque, o sea: malo para todo, para cualquier cosa en relación con el gobierno de un pueblo. Le pongo algunos ejemplos de su clamorosa torpeza. El diésel, malvado de los carburantes. Pues no. Los motores diésel hoy en día contaminan y gastan menos que los de gasolina. Eso sí, pagan menos impuestos y su tropa de inútiles recauda menos, pero claro, las fábricas dejan de producir esos coches y más gente al paro, solo por el parné. Es una torpeza de libro. Otra sandez: recibir a todos los inmigrantes sin comprobar quienes son, si delincuentes o necesitados. Y claro, me extraña que sucedan esas agresiones a nuestros Guardias Civiles, a las tiendas de suministros y a otros lugares. Visto lo cual, marcha atrás; ya no se acepta a todos. Otra sandez: cobertura sanitaria universal para todos, coticen o no a la Seguridad Social. Esto no sucede ni en la Venezuela de Maduro, el ídolo de su amigo Iglesias. Bueno, ahora dice que no es tan ídolo. Tal vez se deba a que ha mejorado bastante de vivienda. Más tonterías: el referéndum de Cataluña, saltándose a la torera la Constitución y creando un precedente peligrosísimo en la Unión Europea. Seguro que dará nuevamente marcha atrás. Y por no cansar, me aterra pensar en los presupuestos del Estado que traman usted y sus amigos podemitas y catalanes separatistas (entre otras hordas de inútiles, ambiciosos, egoístas e incompetentes), porque de ahí a la quiebra, como sucedió ya en Grecia (hay precedente, por tanto) solo hay un pasito muy pequeñito. Y claro, eso es la antesala del marxismo leninismo, una forma de gobierno fracasada siempre y que aquí también fracasaría, sin lugar a dudas, pues se opone a la lógica humana: las personas no somos esclavos o siervos de la gleba, sino que tenemos ilusiones y esperanzas de progreso personales, con un futuro mejor para cada familia, y tenemos creencias, esperanza de una vida eterna a la que se llega por medio del amor y la unidad, no a través del dominio y la posesión separatista de todo tipo. Bueno, lo estamos viendo con el señor Iglesias, que ya empieza a ir a lo suyo con el sudor de la frente del prójimo. O sea: que jamás de los jamases ha ido bien. Hasta la China ha entrado de lleno en la economía de libre mercado. Hasta Corea está ya tonteando con el también impresentable Donald Trump, que es el otro extremo (Dios los cria…). Hasta en Irán los jóvenes reclaman libertad. Hasta en Venezuela se marcha la gente porque no aguanta más. Y cuba resiste por el turismo, pero eso no va a ser eterno.

Señor Sánchez, usted no vale para esto, por mucho que se lo diga su mujer, la de los Master y Licenciaturas “peculiares”. Váyase, Señor Sánchez. Usted es una contradicción que deambula, un profundo incompetente en el gobierno del Estado. Y su amigo Iglesias no llega todavía a tanto, pero se le va aproximando peligrosamente, como en una carrera extraña, de un tipo especial aún no federado, pero lo será, si su ejemplo perdura: la psicopatía política. Váyase y deje de tocarnos las narices y el bolsillo, que vamos ya muy justos. Váyase, que esto no es una tesis doctoral y nadie puede hacer de presidente salvo el presidente. Váyase, que cuando un político dice algo, como que va a convocar elecciones, es para hacerlo. Váyase porque el famoso “donde dije digo, digo Diego” no es un argumento válido para un presidente. Váyase, que se va a cargar su partido, pero sobre todo que se va a cargar España. Es usted demasiado bisoño para un cargo de esa envergadura. Váyase, porque aunque no me crea, la historia se repite cuando se la provoca y hay ganas de leña en los dos bandos de siempre. Váyase, que ya no le queda más margen de error antes de que esto se derrumbe; y gracias a usted, por supuesto.

Y conste que llevamos unos años de angustia: su amigo Rodríguez Zapatero, todavía más incompetente que usted, que ya es difícil, y el señor Rajoy, con su estreñimiento de acción pertinaz y su vicepresidenta que iba a lo suyo. ¿Pero qué habremos hecho para merecer esto? En fin, que el desastre se ve venir y ni usted ni los suyos son capaces de pararlo. Es más, lo están alimentando cada día. Váyase, y dedíquese a cultivar hortensias o a ser asesor de algún que otro nosocomio. Usted no vale para la política, es obvio.

Francisco Hervás Maldonado

Coronel Médico (r)


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