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La reivindicación de una injusta justicia del alcalde de Alsasua

Pancarta Alsasua

Todos pedimos justicia ante los agravios, el pedir una justicia justa es una redundancia, no se entiende una justicia que no sea justa, otra cosa es que lo que determina y dictamina la Justicia ajustandose a las leyes, a los principios del Estado de Derecho, a las normas establecidad nos guste o no, el alcalde de Alsasua Javier Ollo pide una justicia justa para los agresores de dos guardias civiles y sus parejas, pero en realidad lo que está pidiendo este alcalde es la impunidad para los agresores, le pide a la justicia que sea injusta, es la contradicción de quienes, como el alcalde de Alsasua amparandose y proclamandose defensores del Estado de Dereho solo pretenden una justicia a la carta, una justicia parcial, una justicia favorable a sus pretensiones, en este caso favorable a los violentos, a los agresores de dos guardias civiles y de dos mujeres en Alsasua.

El pasado 9 de junio el alcalde de Alsasua reivindicaba en el diario Deia una justicia justa. Decía en su artículo Javier Ollo, que como “máximo responsable del Ayuntamiento de “Altsasu” me corresponde apuntar que la sentencia -al igual que cualquier otra decisión judicial- debe ser respetada”, esta afirmación la hacía según él como “máximo responsable "político" del Ayuntamiento”, para en la misma frase manifestar que esto “no obsta para que muestre mi contrariedad desde un punto de vista jurídico y "político"”, sólo conociendo al político y al partido al que representa, entenderemos la contradicción de sus afirmaciones.

Es un hecho que Geroa Bai es la marca navarra del PNV, y es un hecho la contradicción de las actuaciones del PNV a lo largo de su historia, la hipocresía de sus dirigentes, muchos conocemos la faceta recolectora del PNV, la expresión que hizo famosa Arzalluz de “unos agitan el árbol y otros recogen la nueces”, el alcalde Ollo sigue las enseñanzas y ha aprendido de sus mayores la hipocresía y la contradicción, y sobre todo la recolección.

La contradicción de quien asegura que la sentencia debe ser respetada, para arremeter contra ella y contra quienes la dictaron, para cuestionar incluso la actuación en este y en otros casos de la Audiencia Nacional, la hipocresía del representante político que manifiesta respetar la decisión judicial pero que muestra su desacuerdo con esas decisiones “desde un punto de vista político”

Dice el alcalde creer “en los principios en los que se sustenta cualquier Estado de Derecho”, y miente, porque precisamente él no demuestra ser de los que creen en esos principios a los que apela, ya que uno de esos principios es precisamente contra el que arremete, como alcalde, como político y como jurista, el principio de la Ley, el respeto, el acatamiento a las leyes y a las normas establecidas y el sometimiento a las decisiones de los tribunales, como uno de los principios fundamentales en cualquier Estado de derecho.

Mantiene en su artículo que lo hechos probados no son terrorismo y la sentencia le ha dado la razón, gritaron hasta desgañitarse, se manifestaron, hicieron marchas interminables por el pueblo hasta que les dolieron los pies, reivindicaron hasta el desfallecimiento en medios de comunicación que los “jóvenes” no eran terroristas, pero esto ya no es suficiente, ahora se trata de pedir que son inocentes a pesar de los hechos y a pesar de la sentencia que deja probada la agresión y el delito de odio hacia los guardias civiles y sus parejas.

Las agresiones a los guardias civiles y a sus parejas no serán terrorismo, pero muchas cosas de este caso nos han trasladado a tiempos no tan lejanos, vecinos apoyando a los agresores, instituciones que se ponen al lado y apoyan a los violentos abandonando a las víctimas, el vacio social al discordante, al  que no piensa igual, incluso el destierro forzoso de una familia acosada por el entorno más violento de Alsasua, pero sobre todo el odio, no es terrorismo pero algo nos recuerda a esa sociedad enferma, sometida a los violentos, al miedo, esa sociedad sin principios, carente de valores democráticos, esa es la sociedad a la que el alcalde de Alsasua ha decido representar, una vez más la historia del PNV, y de Geroa Bai, es su historia, una historia de perversión moral y perversión democrática.

Una perversión moral que pretende alterar el Estado de Derecho, la sociedad, la convivencia pretendiendo convertir las conductas violentas en legítimas, la perversión moral que pretende la indulgencia y la permisividad total de quienes han delinquido, de los agresores, de los violentos, de quienes generan e inducen al odio, una perversión moral que el alcalde acepta, permite y apoya.

Y en esa historia de perversión moral, el máximo representante del Ayuntamiento de Alsasua da un paso más cuando asegura que “tanto las personas denunciantes como las personas condenadas, junto a sus respectivas familias, lo están pasando realmente mal”, cuando al igualar a los agresores y a las víctimas asegura que él no es equidistante, y no es que sea equidistante, es que además usa el discurso de la doble moral a la que tan acostumbrados están algunos políticos, históricamente los de su partido en el País vasco, ahora también en Navarra.

Pero además es un mentiroso patológico al asegurar que “Hasta ahora los vecinos y vecinas de Alsasua se han manifestado de forma cívica y unitaria y así debe seguir siendo”. Mentiroso porque sabe que de forma unitaria no, parte de esa sociedad calla por miedo a los violentos, algo a lo que están acostumbrados en el entorno abertzale, por no decir etarra, otra parte es acosada, humillada, la familia de una de las victimas tiene que ser protegida pos las Fuerzas de Seguridad para evitar ser agredida, una familia que tiene que abandonar su casa, su pueblo, por denunciar las agresiones y ser valiente. Es una unidad ficiticia, una unidad que no es tal.

El señor Ollo además es un cínico al asegurar que “Esta unidad es también la que está acompañando la actuación del Ayuntamiento. No puede ser de otra forma. La ciudadanía no entendería que quienes ostentamos un cargo público de representación en su administración más cercana actuáramos de otra forma”. Un cínico por manifestar esto con total descaro, sin sentir vergüenza al decirlo, intentando ocultar el hecho de que una familia de su pueblo tiene que estar protegida contra el acoso y las agresiones de los violentos, una familia que se enfrenta al rechazo y al odio, que tiene que abandonar su pueblo y a la que su alcalde nunca ha visitado, a la que nunca ha preguntado cómo se encuentran sus miembros, mientras usa su cargo y la institución que representa para reunirse, preocuparse y apoyar a las familias de los violentos, de los agresores.

Mantiene que “la proporcionalidad en la actuación judicial es sinónimo de justicia”, es lo mismo que pensamos y pedimos el resto de los mortales, menos violentos que los agresores juzgados y condenados, menos incoherentes que el alcalde, el señor añcalde de Alsasua pervierte el concepto de justicia cuando inmediatamente después asegura que la reivindicación de la proporcionalidad de la actuación judicial “hoy la simboliza el pueblo de Alsasua”, cuando la realidad es que hoy el pueblo de Alsasua es sinónimo del discurso del odio.

Antonio Mancera Cárdenas


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