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UN GENERAL PARA ESPAÑA

el principe

Me figuro la cara que habrán puesto al leer el título. No, no van por ahí los tiros.

Cuando ascendí a general se me ocurrió mirar en el diccionario el significado de la palabra “general” y, mira por donde, antes de llegar a la acepción militar (la cuarta) encontré otro significado con el que me identifiqué y sentí más satisfecho. General: Común, frecuente, usual. ¿Lo recordaban? General significa lo más común, frecuente, lo más usual. No está lejos la definición del verdadero sentido del generalato, que viene a ser formar un todo con todos los que, aún de naturaleza diferente, están bajo tus órdenes. Aquella definición me llevo a la otra: sentido común; que no es ni más ni menos que la capacidad de entender o juzgar de forma razonable. Lo más común tiene, o debería tener, mucho que ver con el sentido común.

Algo tan sencillo -tan común (?)-, -tan poco general-, que cuando en la política está ausente, todo lo que se hace, se aprueba y se legisla, es contrario al interés general, es decir al interés común, por lo que casi siempre acabamos en el enfrentamiento y la derogación de lo hecho por el anterior. Falta de sentido común.

Porque general es lo contrario a lo particular, al egoísmo, y al interés de partido, clan o grupito.

Porque no tiene sentido, común, que la señora Elsa Artadi, dirigente independentista, diga que el Rey no puede ser recibido con normalidad en Cataluña porque “justificó la violencia”.

Porque no tiene sentido, común, vetar al Rey de España en España, y que la entrega de los premios Princesa de Gerona se realice en un lugar privado debido a que la alcaldesa de Gerona, Marta Madrenas, niegue las instalaciones municipales para ello -¿son suyas en propiedad?-, aunque haya antecedentes como el del alcalde de Barcelona que en su día se negó a que allí se entregase la bandera de combate al buque insignia de la Armada española cuyo madrinazgo ostentaba la Reina Doña Sofía. No es general.

Porque no tiene sentido, común, que asistamos a la reapertura de las embajadas catalanas y que la portavoz del Gobierno diga que ven ese espectáculo con respeto mientras el independentista que se ha alzado contra España en Cataluña, y ahora gobierna (?), anuncia que las utilizará para promocionar el independentismo.

Porque no tiene sentido, como denunciamos cada día y a cada hora, que nuestra lengua, la española, es motivo de enfrentamiento y que en España no se pueda estudiar, hablar, rotular, en definitiva expresarte con libertad en español.

Porque no tiene sentido, común, que los independentistas que dieron el golpe de Estado en España estén huidos de la justicia o en la cárcel mientras los que ahora ocupan sus puestos en la gobernanza de Cataluña digan, hagan, y prediquen con sus obras lo mismo que los perseguidos o encarcelados.

Porque no tiene sentido, común, que un partido que es una franquicia del terrorismo, que ha defendido a los etarras, que exhibe a los que a esa banda han pertenecido, esté en las instituciones.

Porque no tiene sentido, común, que se insulte y se ofenda a los símbolos de España con impunidad y provocación.

Porque no tiene sentido, común, que los independentistas sostengan en pie al Gobierno de España y no tiene sentido, común, ninguno, que el Gobierno de España se deje apoyar por los que quieren romper con España. Nada tiene ese sentido de generalidad sino más bien de particularidad.

Poco general y mucho recluta recién llegado.

Porque no tiene sentido, común, que sigamos con un Gobierno no votado por el pueblo español, que nos sintamos igual votando que no, que nos parezca que cualquiera es apto para estas lides, que sonriamos las ocurrencias que sobre la marcha se le ocurren al gobernante de turno.

Nada en busca del interés general.

General, algo común, usual, frecuente, lleno de sentido, común, que sepa constituir un todo desde las diferencias, la diversidad, y las particularidades de cada cual. Alguien que sintamos común a todos y que piense en todos. No son estos los “generales” (entiéndase como debe entenderse) que tenemos.

El término general se aplicó cuando surgió la necesidad de poner un mando superior, sobre la generalidad o totalidad del ejército.

<<¡Ah, el papa! ¿Cuántas divisiones tiene el papa?>> ¿Recuerdan la chulería de Stalin?

No. No se trata de medir las fuerzas de los contrincantes. No se trata del poder de las divisiones. Estamos en un momento en el que hay que medir el poder de la razón, de la historia de una nación, de sus habitantes, y mostrar el poder moral que nos acompaña frente a los que pretenden aflorar todo lo malo que se ha creado en estos años.  Desmenuzados en taifas necesitamos un general, no un oficial general sino alguien que siendo de lo más común sepa aglutinar ilusiones y proyectos alrededor de esa idea común llamada España. Mira que es sencillo. Pues parece que no.

El sentido común, aunque no suele ser el más común de los sentidos, debe guiar este difícil momento. Alguien habrá que lo tenga y sea capaz de ponerse al frente de ese proyecto. Hoy por hoy no se le ve por ninguna parte. Y eso que es lo más común. Un buen momento para encontrarlo por ejemplo en ese partido que busca líder. Haberlos haylos.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com


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