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LOS HIJOS DE LOS GUARDIAS CIVILES…

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Tengo nietos. Sí, hijos de guardia civil; y mis hijos son, como es lógico, hijos de militar. Un orgullo y Dios quiera que alguno siga la tradición, algo que en ocasiones no recomiendo para evitar los permanentes disgustos que el uniforme acarrea. Pero que al menos una gran parte siga eligiendo estos bellos y duros oficios por vocación. No sé si ustedes recuerdan qué es eso de la vocación.

Los hijos de los guardias civiles: ¡Manos arriba! La fiscalía ha actuado. ¡Vaya hombre!, pues menos mal. Pero la actuación de la fiscalía no soluciona el problema. Es lejano y enquistado. Heredado, cultivado con mimo y abundante abono. Viene de muy lejos y cada día cobra más fuerza. Es el idioma, el origen, el nacimiento, el acento, el uniforme, el informe…, el sentimiento, es el odio en el que se educa y después surge sin saber de dónde viene ni porqué, heredado, mamado en escuelas y rediles.

La historia se repite. No es nueva. Años de triste recuerdo los pasados por guardias civiles y soldados; y sus familias en permanente angustia.

Años  de espeso odio escondiendo quien eras y a lo que te dedicabas.

Jamás dijeron mis hijos que su padre era militar. Mejor funcionario. Por si acaso. No es de ahora. Conté hace poco como un día, recién destinados a Palma, llegó mi hija del colegio llorando. La habían insultado. No era culpa de los compañeros de clase… sino de un profesor que la dijo algo irrepetible, se lo pueden imaginar: … forastera. El colegio era religioso. A otro hijo le tuve que mandar a estudiar a Madrid. En la Universidad de Palma de Mallorca no querían saber nada del español. “Si no lo entiendes vete a estudiar a Madrid”; fue la despedida.

Incomprensible que este sectarismo cultural pueda generar en estas cosas y que se toleren. Ha sido así durante años y ahora ye es tarde. La cizaña ha crecido demasiado y ha sofocado al trigo. Poco pueden los fiscales cuando otros no han cumplido con su deber.

Ahora todos nos asustamos. “Los hijos de los guardias civiles: que levanten las manos”. Así se empieza, pero es algo que empezó hace mucho tiempo, y se permitió el atraco.

No se cumplió la ley. Muchos han muerto. No exagero. Han muerto para evitar que aquello no se volviese a repetir. Ya nadie se acuerda.

El odio genera más odio y es contagioso.

Empecemos a educar y a expulsar de las instituciones a esos que predican el enfrentamiento y empiezan haciéndolo en el lugar más rentable: las escuelas.

Hoy se me va la mirada hacia atrás, años de infierno en rincones de España donde te sentías amenazado y tu familia acobardada. No hubo nadie que pusiese remedio a aquello. Hoy hemos llegado a una insostenible situación en la que hace falta algo más que fiscales.

Una mirada triste al pasado nos explica claramente lo que está ocurriendo y por qué ocurre, mientras los culpables, con desfachatez, siguen erre que erre destruyendo España y enfrentando a los españoles. Al menos ahora actúan los fiscales. Los otros, los que deberían actuar, siguen siendo los mismos y lo mismo hacen: nada.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com


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